Los discos de Soda Stereo ordenados y calificados del mejor el menos afortunado

Analizamos la discografía de Soda Stereo: sus 7 discos del menos logrado al mejor.

A propósito de la anunciada serie de conciertos Ecos que si bien ha sido un éxito comercial, también ha generado fuertes críticas por traer de vuelta el nombre del grupo sin la presencia de su líder y fundador, vale la pena volver a mirar con lupa la discografía de Soda Stereo. En ese marco y con la subjetividad que ello conlleva, presentamos su obra ordenada, desde el disco de estudio más débil hasta el mejor, sin incluir el Unplugged y los discos en vivo.

Soda Stereo (1984)

No es un mal disco, pero sí el más sencillo y el que deja ver con mayor claridad sus influencias iniciales. Producido por Federico Moura, cantante de Virus, el debut de Soda Stereo todavía debía mucho al ska y a un new wave primitivo, elegante pero poco arriesgado.

Las referencias a The Police son evidentes, así como guiños a XTC y a una estética lúdica que hoy puede parecer ingenua. Canciones como “Mi novia tiene bíceps” o “Vitaminas” (popularizada luego en México por el cantante Vitorino) rozan lo infantil, algo comprensible en una banda joven que aún no buscaba la oscuridad ni la densidad emocional que más tarde definiría su obra.

Las letras, eso sí, ya traían una carga sexual y moderna. Incluso hay una curiosa alusión política en “Dietético”, donde el “régimen” que se acaba funciona tanto como metáfora de una dieta como del régimen argentino. El disco también incluye hits indiscutibles como “Sobredosis de TV” y “Trátame suavemente”, canción que, aunque no es autoría de la banda sino de Daniel Melero, quien luego la grabaría con Los Encargados, le dio al álbum un tono más serio.

Es un buen comienzo, pero si Soda Stereo se hubiera quedado en ese estilo, probablemente habría sido solo una banda más.

Sueño Stereo (1995)

Esta será, sin duda, una decisión polémica. Sueño Stereo es uno de los discos más flojos de Soda Stereo, a pesar de que comercialmente los mantuvo en la cima, impulsados en gran parte por la era MTV.

Canciones como “Ella usó mi cabeza como un revólver”, “Zoom” y “Disco eterno” tuvieron una rotación constante en televisión. Musicalmente, el grupo apostó por una mayor presencia electrónica combinada con un rock más convencional y arreglos orquestales. También se reconocen influencias claras de The Beatles —especialmente de “Revólver”— y del rock británico contemporáneo de los noventa.

Hay momentos interesantes, como “Ángel eléctrico”, que bien podría haber encajado en Dynamo, o pasajes más ambient como “Efecto Doppler”. Sin embargo, en conjunto es un disco demasiado formal, correcto y contenido. No tiene la energía ni la magia de otros trabajos del grupo y, por momentos, suena más a un álbum solista de Gustavo Cerati que a una obra plenamente colectiva de Soda Stereo.

Doble Vida (1988)

Doble Vida es un disco de transición clave: marca el paso del sonido oscuro de Signos hacia una propuesta más internacional. Incluye incluso un rap y una estética claramente influenciada por artistas como Duran Duran, David Bowie y ciertos elementos funk.

Las letras son más maduras y la imagen del grupo se vuelve más sofisticada, sin abandonar la sensualidad constante. Originalmente se especuló con que el disco sería producido por Mark Knopfler de Dire Straits, lo que habría sido fascinante, pero finalmente quedó en manos de Carlos Alomar, histórico colaborador de Bowie y músico también ligado a Paul McCartney.

El resultado es un sonido más orgánico y pulido, con canciones fundamentales como “Doble Vida”, “Corazón delator” —con una guitarra que recuerda a The Smiths y un aire de reggae oscuro— y “La ciudad de la furia”, cuyo bajo remite claramente a “Dreams” de Fleetwood Mac.

Es un gran disco, pero apenas el umbral de lo que estaba por venir. Nada prepara realmente para los trabajos que consolidarían a Soda Stereo como una de las bandas más importantes del rock en español.

Nada Personal (1985)

Es el disco que termina de abrirles las puertas y, al mismo tiempo, el que fija por primera vez una imagen clara de Soda Stereo. Nada Personal consolida al trío tanto en lo musical como en lo estético: peinados, ropa y actitud que, vistos hoy, remiten de lleno a una sensibilidad ochentera cercana a The Cure, pero filtrada por un pop latino moderno y ambicioso a la INXS.

En términos de letras, el álbum todavía le debe bastante al debut. Persiste ese tono lúdico y provocador, sexual y juguetón, aunque ya aparecen con más fuerza elementos oscuros y perturbadores: museos de cera, telarañas, pesadillas, juegos de seducción que hoy resultan incómodos e incluso censurables por sus ambigüedades morales. Esa tensión entre lo pop y lo siniestro empieza a ser una marca de la banda.

Musicalmente, es un disco muy representativo de su época. El bajo con slap, los teclados, los colores de la producción y hasta la portada están anclados en los años ochenta. Pero eso no es un defecto: Soda Stereo siempre supo absorber los sonidos contemporáneos y traducirlos a su propio lenguaje. Canciones como “Nada personal” se convirtieron en himnos inmediatos, mientras que “Cuando pase el temblor”, con sus toques andinos y un videoclip hipnótico, amplió el imaginario visual del grupo y reforzó esa idea de “The Cure argentinos” que muchos empezaron a ver entonces.

El disco también tiene momentos conceptuales interesantes, como “Danza rota”, una crítica irónica al mundo de las discotecas y al juego de apariencias del baile, paradójicamente apoyada en un teclado que terminó siendo reciclado por la televisión musical mexicana. Fue, además, el álbum que impulsó la primera expansión internacional de la banda por América Latina y el que dio forma a una gira que dejó la vara muy alta.

Nada Personal no es el disco más profundo de Soda Stereo, pero sí uno clave. Funciona como bisagra: mira todavía hacia atrás, a la frescura del comienzo, y, al mismo tiempo, empuja al grupo hacia algo más ambicioso. Con él demostraron que podían ser existencialistas sin dejar de ser pop, y prepararon el terreno para un paso siguiente más maduro y oscuro, que terminaría de cristalizar en Signos.

Canción Animal (1990)


Para muchos, la obra maestra definitiva de Soda Stereo. Canción Animal funciona como una respuesta contundente a quienes insistían en encasillar a la banda como simple pop: es un disco de rock sin matices, pesado, frontal y ambicioso, que borra de un golpe el new wave tanto en la imagen como en el sonido.

Aquí Soda se transforma por completo. Los guitarrazos de Cerati ya no tienen nada que ver con los rasgueos con flanger ni con la elegancia estilizada de Nada Personal, Signos o Doble Vida. En menos de cinco años, el grupo es otro: más físico, más crudo y más cercano a un rock alternativo que anticipa claramente los años noventa. Se perciben influencias que van del rock psicodélico al hard rock, pasando por el folk y hasta cierto aire country, todo integrado con naturalidad.

El disco también consolida un ecosistema creativo más amplio. La presencia de Daniel Melero es clave en varias canciones, aportando densidad conceptual y una mirada menos complaciente. Aunque incluye hits masivos como “De música ligera”, el corazón del álbum está en piezas más densas y exigentes: el hard rock casi desesperado de “Sueles dejarme solo”, las atmósferas cargadas de teclados en “Cae el sol”, la épica guitarrera de “Un millón de años luz” y “Séptimo día”, o la declaración conceptual que da título al disco. Incluso hay espacio para un folk setentero inesperado en “Té para tres”, una de las canciones más emotivas del catálogo de la banda.

Por todo esto, muchos lo consideran el mejor disco de Soda Stereo, y no sin razones. Sin embargo, leído como obra total, también tiene un punto débil: su fuerte anclaje temporal. “1990”, tanto como canción como idea, resume el problema. Es un disco poderosísimo, pero profundamente marcado por su época. En ese sentido, más que una cima absoluta, puede verse como un pico de fuerza y energía dentro de una discografía que aún tenía otros matices por explorar.

Signos (1986)
Uno de los discos más finos y logrados de Soda Stereo. Signos condensa como pocos esa energía a medio camino entre lo oscuro y lo luminoso; no por nada su portada, amarilla y extraña, parece dialogar con Nada Personal pero llevándolo todo a un plano mucho más elegante y contenido. Es un disco que suena, como dice una de sus letras, “preparado para una muerte elegante”.

Aquí las canciones están construidas a partir de imágenes. Los sonidos son más sutiles, más trabajados en capas, pero sin perder fuerza: hay una energía de rock pensada ya no para el bar o el boliche, sino para espacios más amplios, para escenarios grandes y para una escucha atenta, casi detallista. Todo está en su lugar, sin excesos, pero con una riqueza sonora notable.

Es un álbum más oscuro que el anterior, cargado de símbolos y climas, aunque todavía muy marcado por su tiempo. “Prófugos”, con su ya célebre “desbastando” en lugar de “devastando”, es un ejemplo claro de ese sonido ochentero que hoy resulta inseparable de la canción. A la vez, conviven piezas de carácter casi acuático y envolvente como “Signos”, y hits enormes como “Persiana americana”, quizá una de las canciones más populares de la banda.

Curiosamente, Signos también es un disco atravesado por la colaboración. Varias letras no son exclusivamente de Cerati: “Persiana americana” fue escrita originalmente por un novelista premiado y luego adaptada por él, y otras canciones como “En camino” nacen de coautorías. Esto tiene que ver con el momento personal del líder de Soda, que atravesaba una crisis creativa y emocional. Aun así —o quizá por eso—, las letras resultan especialmente profundas y sugerentes.

El disco también se adentra en terrenos más sombríos y alternativos, con ecos de Love and Rockets o Simple Minds, y canciones de un misterio casi ritual como “El rito”. “No existes” aporta una intensidad emocional fuerte, casi obsesiva. Existe incluso el mito de que las letras se escribieron en una sola noche, y aunque haya exageración en eso, lo cierto es que el disco transmite urgencia, ansiedad y un estado mental alterado, claramente influido por las sustancias y el clima emocional del momento.

Con solo ocho canciones, Signos es compacto (además fue el rimer CD de un grupo agentino), coherente y poderoso. Un disco conceptual y musicalmente sólido, que demuestra que Soda Stereo podía ser oscuro, sofisticado y profundamente pop sin perder identidad. Para muchos, ahí está el verdadero equilibrio de la banda.

Dynamo (1992)

 Para muchos, el gran disco incomprendido de Soda Stereo; para otros, su verdadera obra cumbre. Dynamo fue el álbum que menos vendió, el que descolocó al público masivo y el que terminó convirtiéndose en un refugio para los fans más raros y atentos. También es, sin discusión, el más fino y arriesgado del grupo.

Lejos de adelantarse a su tiempo, Dynamo es un disco absolutamente coherente con 1992. La influencia del baggy, el Madchester, la neopsicodelia, el dance y el noise está por todos lados, con Cocteau Twins como referencia evidente —algo que incluso se percibe desde la portada—. Soda Stereo deja de dialogar únicamente con el rock latino y se inscribe, por fin, en una conversación internacional más amplia.

Este álbum consolida a la banda como un proyecto de vanguardia. No desde la pose, sino desd “En molinos”, quizá la mejor canción del grupo, es un manifiesto: minimalista, hipnótica, sin estructura pop evidente, más cercana a una avalancha sonora que a una canción tradicional. No es un tema para listas, es una declaración estética.

Dynamo suena a shoegaze en español cruzado con pulsión dance. En vivo, las canciones ganaban una potencia casi física, confirmando que no era un disco frío ni cerebral, sino profundamente corporal. También dialoga directamente con el momento solista de Cerati, con una búsqueda paralela que se filtra en la banda. Es un álbum pensado para otro público, más atento al clima que al estribillo.

Las letras son mayoritariamente de Cerati y muestran una arquitectura lírica más compleja, menos directa, más abstracta. Canciones como “Toma la ruta”, “Secuencia inicial”, “Ameba” o “Nuestra fe” —con samplers y recursos tecnológicos que en su momento fueron de avanzada— revelan a un grupo explorando las posibilidades del estudio como instrumento. Hay sintetizadores, baterías programadas, texturas superpuestas y una lógica repetitiva que apuesta por lo hipnótico antes que por la forma clásica.El propio Cerati lo dijo con claridad: Dynamo fue tomar Canción Animal y destruirlo. De ese gesto nace su grandeza. Es un disco sin concesiones, extraño, ruidoso, bailable y atmosférico a la vez. Un álbum que dialoga con la escena argentina alternativa de entonces —Juana La Loca, El Otro Yo, Babasónicos, Los Peligrosos Gorriones— y que coloca a Soda Stereo no como seguidores de una corriente, sino como parte activa de ella. Dynamo no dialogo con lo obvio que sería el grunge, sino con sus contrapartes, el rock alternativo que no se hizo masivo.

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