La Unión: El grupo clásico del rock en español que rompió su propio legado

Nunca perteneció a la llamada Movida Madrileña, aunque convivió temporalmente con ella.

La Unión ocupa un lugar peculiar en la historia del rock y el pop en español. Fue uno de los grupos más importantes de su generación y, al mismo tiempo, uno de los más difíciles de encasillar. Nunca perteneció a la llamada Movida Madrileña, aunque convivió temporalmente con ella, y quizá por eso su discografía inicial envejeció mejor que la de muchos de sus contemporáneos.

No fueron una banda adelantada a su tiempo; fueron algo más raro: una banda que iba con su tiempo, escuchando lo que ocurría alrededor y transformándolo en una identidad propia, reconocible y coherente.

Desde su debut con 1000 Siluetas en 1984, La Unión dejó claro que su territorio no era la celebración colorida del pop ochentero, sino un espacio más nocturno y literario. El disco refleja plenamente ese sentimiento post-punk y after dark que se vivía en España, con claras influencias de Echo & The Bunnymen y The Cure, algo que el propio grupo ha reconocido en distintas entrevistas. Las baterías programadas, los teclados atmosféricos y las guitarras contenidas no fueron una decisión estética calculada, sino una consecuencia natural: en ese momento no tenían baterista. A eso se sumaron letras marcadas por la literatura oscura y un tono general que capturaba el espíritu dark de la época. En paralelo, el grupo recibió el apoyo de Nacho Cano, quien los apadrinó y produjo algunas canciones, aportando un componente tecno-pop que convivía, a veces con cierta tensión, con la oscuridad del proyecto. En esa etapa, la formación ya estaba definida con Rafa Sánchez en la voz —quien se incorporó cuando el grupo aún era instrumental—, Luis Bolín en el bajo, Mario Martínez en la guitarra e Íñigo Zabala en los teclados.

Para su segundo álbum, El Maldito Viento de 1985, La Unión decidió ir todavía más lejos, aunque el resultado no fue el esperado. El disco apostó por una sofisticación mayor, con influencias evidentes de Roxy Music y el glam, manteniendo el trasfondo oscuro pero inclinándose hacia un pop más orgánico y menos inmediato. Fue un álbum difícil, poco accesible y, sobre todo, incomprendido. No tuvo éxito comercial, rara vez aparece representado en recopilaciones y apenas ha sido defendido en directo. El propio grupo ha reconocido con el paso del tiempo que fue un disco que nadie supo muy bien cómo leer en su momento.

La lección se entendió rápido y con 4×4 en 1986 llegó el verdadero punto de quiebre. La Unión abrió el espectro sonoro hacia influencias americanas, incorporando jazz, blues y soul dentro de su formato pop. Canciones como “Dónde estabais” muestran de nuevo la huella de Nacho Cano, especialmente en las percusiones programadas que recuerdan claramente a la estética de Mecano. El disco construye un imaginario inspirado en esa América en blanco y negro que el cine vendió durante décadas, y lo hace con una elegancia que marcó el inicio de la etapa más sólida y reconocida del grupo. Para muchos, ahí comienza la época dorada de La Unión.

En los años 90, el grupo causó cierta polémica con canciones como “Fueron los celos”, tema que sería funado hoy en día.

A partir de ese momento, el grupo fue desplazándose gradualmente hacia un pop más pulido y adulto. Discos posteriores, como Vivir al Este del Edén, fueron bien recibidos y consolidaron su éxito, aunque ya se percibía una distancia clara con el espíritu más underground de sus primeros trabajos. Hubo colaboraciones importantes, incluida una con Miguel Bosé, y La Unión se mantuvo como un nombre relevante durante buena parte de los años noventa. En América Latina, particularmente en México, su historia llegó de forma irregular: su primer disco apareció fusionado con material de 4×4, mientras El Maldito Viento quedaba prácticamente fuera del mapa, convertido en ese álbum oscuro y casi perdido que solo los seguidores más atentos conocen.

Con el paso del tiempo, la historia del grupo terminó fragmentándose. Íñigo Zabala había salido desde los primeros años para convertirse en ejecutivo discográfico, Mario Martínez falleció en 2015 y la relación entre Rafa Sánchez y Luis Bolín se rompió de manera definitiva. Hoy existen dos versiones del proyecto: una encabezada por Bolín, quien conserva legalmente el nombre La Unión y reinterpreta el repertorio cantando él mismo, y otra liderada por Rafa Sánchez, la voz histórica e inconfundible del grupo, que actualmente gira con el espectáculo Biografía, repasando su trtayectoria dentro de la banda. La posibilidad de una reunión es prácticamente nula y, siendo honestos, quizá sea mejor así.

La contraportada de su primer disco, en su época completamente dark. Foto: Warner.

La Unión dejó un legado que sigue presente. Fue una banda influyente, elegante y mucho más compleja de lo que suele recordarse. Su impacto se percibe en proyectos actuales del darkwave y el post-punk, como Twin Tribes, quienes han citado a este tipo de bandas como influencia e incluso versionaron “Lobo Hombre en París”. Tal vez lo más justo sea dejarlos en ese lugar: el de una banda que nunca necesitó pertenecer a una escena para tener identidad, que supo moverse entre la oscuridad y el pop sin perder personalidad y que, precisamente por no encajar del todo, terminó construyendo una historia única dentro de la música en español.

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