Hace más de tres meses que vivo en El Salvador, y me he propuesto destacar la música local. Uno de los grupos que más ha captado mi atención es Conjunto Tropidélico. Recientemente, el grupo lanzó una versión de “Planeta de los Cerdos”, una canción originalmente interpretada por la Banda del Sol. Este tema folk forma parte de la emblemática compilación salvadoreña Unidad, publicada en 1971. El disco incluye canciones que reflejaban las graves situaciones del país en aquella época y que, a su vez, servían como advertencia de lo que estaba por venir.
La letra de “Planeta de los Cerdos” resultan especialmente relevantes hoy en día, ya que describen de manera cruda la realidad actual de El Salvador. El arte de la portada de la versión de Conjunto Tropidélico fue elaborada por Temple of Evil, un artista gráfico salvadoreño conocido por su contenido político y sus críticas al régimen y a la gentrificación. La canción me demostró que en El Salvador hay artistas que, a través de su obra, relatan lo que se vive en el país actualmente, y no solo lo que los influencers muestran en redes para promover el turismo.
Hace unas semanas, la Policía Nacional Civil (PNC) allanó las viviendas de dos periodistas comunitarios, Mónica Rodríguez (Bálsamo TV) y Steve Magaña (ACUA), así como la del artista gráfico Carlos Najarro (Temple of Evil). Les decomisaron sus dispositivos electrónicos sin darles ninguna explicación. Lo que los tres tienen en común es que han criticado las políticas y acciones del gobierno de Nayib Bukele y ofrecen un punto de vista distinto.
Esto es una violación a la libertad de expresión, la libertad de prensa y el derecho de expresión, y sienta un peligroso precedente de intimidación. Esto concuerda con lo que “Planeta de los Cerdos” decretaba y criticaba en su letra hace más de 50 años, y que Conjunto Tropidélico vuelve a resaltar con su nueva versión.
Ya tenía programada una entrevista con la banda cuando me enteré de estas noticias, y confieso que me quedé pensando en cómo proceder. Sin embargo, considero que “Planeta de los Cerdos” sigue siendo una canción importante y relevante, y esta entrevista representa una oportunidad de fomentar el diálogo a través de la música.
¿Cómo surgió Conjunto Tropidélico?
Todo comenzó con un ceviche. (Risas). La idea surgió hacia el final del confinamiento por la pandemia en El Salvador. Nos planteamos formar una banda porque creíamos que la gente, al salir del encierro, tendría ganas de fiesta, de locura y de bailar. Queríamos crear música para ese momento, explorando un sonido más cercano a la cumbia latinoamericana, pero con un enfoque propio.
Pasamos casi todo ese año ensayando, y en abril de 2021 debutamos en la Casa de la Luna, con un lleno total. Aunque había quienes todavía estaban temerosos por la pandemia, la respuesta fue increíble. Desde entonces, hemos evolucionado. No somos los mismos integrantes que al principioHemos dejado atrás esa idea romántica de que seríamos siempre los mismos. Ahora buscamos ser un buen equipo, más allá de ser solo una buena banda.
En resumen, íbamos por un ceviche y terminamos formando una banda. Todos veníamos de escenas alternativas, lo cual jugó a nuestro favor. Siempre decimos que este proyecto nació con estrella o, como dicen, con el pan bajo el brazo, aunque no todo ha sido fácil. Hay lugares donde la gente prefiere ver bandas tributo antes que música local. A pesar de eso, nos enfocamos en proponer música propia con identidad salvadoreña, mezclando fiesta, baile y un toque de conciencia.
Hablando de identidad y conciencia, ¿cómo decidieron grabar Planeta de los Cerdos? Lo que me llamó mucho la atención de ustedes fue la versión que hicieron de este tema que reflejan lo que está pasando, lo que pasó y lo que sigue pasando en El Salvador.
Conocíamos esta canción desde hace años. Forma parte del disco Unidad, que incluye otras piezas que son igual de poderosas que “Planeta…”, como “Abriendo Caminos” también de Banda del Sol o “Un Día Después de la Guerra”, que es una canción bellísima. Sentimos que era una canción atemporal, porque de pronto es una canción que se escribió hace 50 años y de pronto la historia es como una espiral, donde volvemos a pasar, no se repite exactamente, pero sí volvemos a pasar por ciertas etapas o ciertos momentos, no solo aquí, sino en el mundo.
En específico, las figuras fascistas están de vuelta. Para nosotros también ha sido una forma de dar nuestro mensaje. “Planeta” nos parece una canción excelente para que sea un despertador de conciencia.Decidimos grabarla porque es parte importante de la historia de la música salvadoreña y viene de un álbum que fue censurado en su momento. Incluso mi papá, que trabajó en radio, fue amenazado por un militar en los 2000 por ponerla en su programa.
Es una canción que toca fibras, que es muy certera, que mueve algo, desde cualquier perspectiva. Nos pareció muy interesante. Obviamente, podríamos haber elegido cualquier canción con ese mensaje del cancionero latinoamericano, pero preferimos tomar una canción nacional y hacer la versión tropidélica.
Para nosotros también fue interesante poder aportar desde nuestra trinchera y, de repente, poder ser un canal, porque también nos dimos cuenta en este proceso de que había muchas personas que no conocían la canción. Ha sido interesante que haya gente que esté conociendo la canción por nuestra versión y eso al final repercute en que la gente vaya directamente a buscar la canción original que reflejaba el acontecer de 1970. Es interesante cómo la historia se repite y el movimiento contracultural que había en ese momento ahora también existe.
O sea, en todo momento siempre hay un sector contracultural que está dialogando, que está expresando, y parte de eso es el periodismo alternativo en El Salvador, los artistas. Lo que ha pasado con Temple of Evil también. Cómo un diseñador, desde su trinchera que es el arte, puede llegar a tocar fibras a los altos poderes como para que hagan lo que le hicieron. Es decir, si lo afectaron es porque algo bien estaba haciendo.
Soy fan del arte político y ya seguía tanto su versión de la canción como el trabajo de Temple of Evil. Y ya tenía la intención de escribir sobre la canción. Ahora observo el impacto que está teniendo en la gente y me pregunto: ¿cuál fue su motivación para crear esto?
Siento que ahora, más que nunca, es cuando podemos usar la música para generar estas conversaciones, para platicar un poco más a fondo. Pero también, precisamente por lo que acaba de pasar, usarlo para que la gente se dé cuenta de lo que está pasando aquí.
Callarse no es una opción, es justo lo que buscan. Nos ofrecen “pan y circo” buscando desviar nuestra atención o, directamente, silenciarnos. ¿Qué significa para ustedes crear música que puede despertar conciencias, tocar fibras sensibles o generar una reflexión diferente? ¿Cómo manejan ese riesgo?
Creo que es un riesgo que uno asume. Tener acceso al micrófono puede ser un arma. O más bien, subirse a un escenario con un micrófono es un acto político. A. Es un riesgo y lo hacemos en nombre del arte también, como lo han hecho muchas personas, como lo hicieron Los Jaivas o Víctor Jara, como Charly García, por ejemplo, a quien le revisaban las letras de sus canciones y él lo que hacía era usar metáforas. Entonces, creo que llega un momento en que, aunque no levantemos una bandera específica, estamos aportando o contando un poco lo que está pasando. Usamos la música como una herramienta, más que un arma, para poder expresar lo que vemos, porque no podemos negarlo.
Obviamente, cada uno hace lo que quiere. Si hay bandas que no quieren hablar de eso, está bien. Cada quien en su camino. Pero nosotros sí creemos que es necesario en algún momento sentar una postura o expresar una opinión a través de lo que hacemos, que en este caso es la música, y elegir canciones como la de “Planeta”.
En realidad, nunca nos detuvimos a pensar conscientemente en el impacto que tendría lo que estábamos haciendo. Creemos que la historia registrará que, en 2024, esta banda retomó esta canción debido a un contexto específico. De alguna manera, esperamos que esta canción forme parte de un registro histórico que informe sobre lo que estaba sucediendo en 2024. Y que, lamentablemente, no era muy diferente a 1970, ni a 1932.
La historia de El Salvador, con este tipo de intromisión en la política, donde se crean aparatos represivos contra la población, particularmente contra los más desprotegidos, los más pobres y, en este caso, también contra la juventud, se repite. En los años 80, la Policía de Hacienda perseguía mucho a los jóvenes, a los universitarios. Vemos que los métodos, en esencia, no han cambiado. Quizás solo cambia la forma en que se aplican.
Recuerdo que, durante las dictaduras de los años 70, se celebró un Miss Universo aquí. Casualmente, esto ha vuelto a ocurrir, porque parece ser una constante en estas personas: por un lado, buscan reprimir y, por otro, ofrecen distracciones, cosas “cool”. Ahora, por ejemplo, tenemos una pista de hielo.
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Es surrealista observar muchas cosas en el centro de la ciudad. Uno dice: “Qué bonito está el centro”, y, en efecto, lo está. Pero eso se limita a unas pocas cuadras, un perímetro de unos 800 metros. Más allá de eso, se sigue viendo la misma pobreza, la misma miseria que siempre ha existido en El Salvador. Han convertido el centro de San Salvador en un bastión de modernidad, pero en esencia, en lo que realmente importa –educación, salud, cultura, cosas verdaderamente relevantes e importantes para la ciudadanía–, son temas que siguen pendientes.
Ahora, en el centro de San Salvador, está la villa navideña, con casas muy bonitas, pero justo al lado hay gente viviendo en la calle, en situación de calle. Tienen la capacidad de construir esas estructuras, pero los portales están llenos de gente durmiendo a la intemperie. Entonces, uno se pregunta: ¿de qué progreso me están hablando? Y creemos que es importante comunicar esto al mundo.
A nivel internacional, ya existe una percepción, que esperamos que crezca cada vez más, para que la gente fuera de El Salvador sepa lo que realmente está ocurriendo aquí. Todo esto, al final, repercutió en una canción que se regrabó, se reversionó, y que ahora mucha gente, como tú, ha podido conocer, lo que les ha permitido luego ir a escuchar la canción original. Y eso lo vemos como un efecto positivo.
Creo que lo que dice esta canción sigue siendo relevante: lo del estadio que están construyendo, los desalojos también. Lo que ofrece el país no beneficia de igual manera a la gente que ya vive aquí, a la gente que ha estado viviendo aquí. Eso es evidente. La represión siempre ha estado presente, así como el miedo a criticar o a hablar. Antes era por el temor a ser detenido o a no saber con quién se hablaba, y ahora es por lo que acaba de pasar. Lo que está sucediendo sigue siendo muy relevante, y la historia que cuenta esta canción de hace más de 50 años se repite de otra manera. Incluso en mi país [EEUU], también hay represión, pero la disfrazan con la idea de que hay libertad. Aquí no existe la misma libertad de expresión. Si algo incomoda, puede haber repercusiones.
Sí, totalmente. Se trata de animarse a decir lo que uno piensa. Pero, como decía antes, es un riesgo que a veces hay que correr. Es un riesgo que uno asume, y obviamente surge de nuestra forma de pensar. Es un riesgo que hay que tomar, y que mucha gente en todas partes ha tomado. Simplemente, exponemos nuestro punto de vista a través de la canción, una canción que sigue siendo tan actual. Parece que no hay mucha diferencia con el pasado; es una canción atemporal. Incomoda o despierta, tiene esa doble función, esa doble cara, ese doble efecto.
No decimos que no asusta, porque ya han afectado a alguien cercano a nuestro círculo. No pretendemos ser mártires ni héroes de nada. Simplemente, nos dedicamos al arte, y el arte también es comunicación de ideas. Dentro del arte se mueven muchas cosas: expresiones, técnicas, emociones. Y, claramente, como artistas, tenemos una emoción con respecto a esto. Nos conmueve profundamente lo que está pasando, y nos da mucha tristeza ver que construyen casas en una plaza mientras hay gente durmiendo en la calle.
Lo único que hemos hecho es expresar todo esto, quizás como un desahogo, desde la tristeza y el enojo. Hay emociones encontradas al respecto, y afortunadamente creo que pudimos encontrar el canal con el que nos sentíamos cómodos: esta canción como un punto de desahogo.
Me gustó mucho la forma en que abordaron la canción. Tomaron una pieza con un toque más folk y la transformaron con su sello, un sonido más psicodélico. La primera vez que la escuché, me impactó. La cumbia tiene una gran historia aquí en El Salvador y se vincula con otros países. Si consideramos su raíz afrocolombiana, siempre ha representado resistencia, pero también celebración. Incluso en momentos difíciles, la cumbia siempre está presente en las fiestas. Me gusta que me permite bailar y reflexionar al mismo tiempo.
Exacto. De hecho, había un artista en México, Sonido Changorama, que lamentablemente falleció, que decía: “Pensémosla bailando”. Creemos que es una forma efectiva de transmitir un mensaje a través de la música. No necesariamente tiene que ser una canción con guitarra acústica, en el formato tradicional del canto latinoamericano. Le incorporamos sintetizadores, programación, timbales, más ritmo. El empaque es diferente, pero el mensaje puede ser similar al del folk. Lo que presentó la Banda del Sol en el 71 reflejaba las influencias de su época.
Ellos se nutrían de la cultura hippie y de los cantautores, particularmente los estadounidenses, que en ese momento se pronunciaban fuertemente contra la guerra de Vietnam. Esa era una de las influencias de entonces, y ahora nos toca presentarla con nuestras propias influencias. Hay dos frases que nos gustan mucho. La primera la escuchamos de un profesor en un diplomado sobre políticas culturales: “Rumba con rumbo”. La otra, que también nos identifica, es “bailar sin dejar de pensar”. Y la otra que mencionamos anteriormente, “pensémosla bailando”.
Al final, es un reflejo de la esencia latinoamericana. Cuando se habla de crisis, como la del 2001 o la del 2008, pienso que en El Salvador siempre hemos estado en crisis, en mayor o menor medida. Como dicen, la paz a veces es solo un adormecimiento de la guerra. La corrupción, la pobreza y el sistema capitalista, que produce y luego genera los llamados “desastres naturales”, siempre han afectado a El Salvador. Es una secuencia de eventos que han marcado al país.
Un detalle importante de la canción es que modificamos la parte final de la letra. Originalmente decía “estamos despertando con la luz del amor”. Nosotros lo cambiamos a “estamos despertando con la luz de la unión y luego “con la luz de la acción”. Creemos que estos dos verbos son necesarios para generar cambios. El amor también es importante, pero queríamos un mensaje con un verbo de acción, que no sonara tan hippie ni tan combativo. “Unión” y “actuar” nos parecieron palabras clave.
Quizás esta canción pueda ser un punto de encuentro para abrir el diálogo. Y si le sirve al movimiento social, nos alegra que la utilicen. Creemos que es un momento complicado para los movimientos sociales. Parece que aún falta que se consoliden y se unifiquen. Ojalá esta canción resuene en los líderes de los movimientos y les recuerde la importancia de la unión y la acción. La acción ya la están llevando a cabo, pero quizás falta el componente de unidad, que casualmente era el título del disco donde se incluye la canción.
Van a tener una presentación en Nave Cine Metro el 21 de diciembre. ¿Nos pueden contar sobre el evento?
Claro. “Cumbiancicos Navideños, volumen dos”. Es la fiesta de los obreros de la empresa tropidélica. El formato es similar al del año pasado con Hi-Fi Sound System. La idea es crear una gran fiesta de diciembre, diferente a una celebración casera, en un lugar más amplio y con más gente. Esperamos repetirlo cada año, si el régimen nos lo permite.
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Es una fiesta de Conjunto Tropidélico y Hi-Fi Sound System, un dúo de selectores de vinilos con una amplia colección de diferentes géneros musicales. Son melómanos que organizan diversos tipos de fiestas temáticas, algunas más grandes y otras más de nicho. Nos unimos para crear “Cumbiancicos Navideños”. Es un concepto navideño, pero con un toque rebelde. El concepto central es la fiesta del Sindicato de Duendes de Navidad. Verán elementos en la producción que aluden a una fábrica de juguetes, donde la entrada está prohibida para el patrón, Santa Claus.