Entre lágrimas y rimas: Residente arrasó en El Salvador

Residente demostró por qué es uno de los mejores letristas y raperos de Latinoamérica.

Texto y fotos: Güido Mendoza

La energía del tan esperado regreso de Residente a El Salvador el pasado 22 de noviembre, se sentía vibrar en los alrededores del Parque de Pelota Saturnino Bengoa en la capital centroamericana. Afuera, el ambiente era una mezcla entre mercado callejero y protesta social: vendedores ambulantes ofrecían comida, bebidas y todo tipo de productos, desde binchas y camisetas hasta mercancía no oficial del rapero puertorriqueño, quien llevaba cinco años sin pisar suelo salvadoreño. Al mismo tiempo, grupos de manifestantes alzaban la voz contra las detenciones y desapariciones vinculadas a la controvertida campaña antipandillas del presidente Nayib Bukele.

El boricua levaba cinco años sin pisar suelo salvadoreño. Foto: Güido Mendoza.

René Pérez Joglar, mejor conocido como Residente, eligió a El Salvador como una de las paradas de su gira latinoamericana Las palabras no importan, que continúa su recorrido por Centroamérica. Apenas aterrizó en el país, Residente visitó el mural que inmortaliza su rostro, obra del renombrado artista salvadoreño de graffiti, Efraín Orellana, conocido como TNT.

Mientras los fans comenzaban a llenar el estadio, el rapero local Jota Sánchez tuvo el honor de abrir el concierto. Acompañado de un DJ que ha trabajado con Nathy Peluso y otro MC, Jota Sánchez prendió al público con rimas cargadas de contenido social y críticas a la industria musical. Sus ritmos iban del boom bap clásico al trap moderno, unidos por un flow cautivador, lleno de orgullo nacional y una emotiva celebración hacia las mujeres guerreras de El Salvador.

Muchos asistentes, quienes nunca habían visto a René ni a Calle 13 en vivo, esperaban ansiosos el inicio del espectáculo. Las luces del estadio se atenuaron, y de pronto comenzó a sonar “El Sombrero Azul” en versión cumbia, interpretada por Salsa Clave. La energía del público explotó mientras cantaban con fervor: “… y dale salvadoreño, dale…”. Los potentes “¡hey!” del coro llenaron el lugar con una vibra de alegría y unidad. Este momento marcó el preludio de un concierto que sería inolvidable.

Al ritmo de los coros, los músicos de Residente comenzaron a tomar sus puestos sobre el escenario, bailando junto al público. Una pantalla alta proyectaba las letras introductorias de “René”, y en ese instante, sentí un escalofrío al escuchar cómo la audiencia coreaba la canción. Fue un momento profundamente personal para mí, pues en 2020 este tema me ayudó a procesar la mudanza de mi mamá, su esposo y su perrito desde Los Ángeles a El Salvador, mientras comenzaba la pandemia.

Residente eligió El Salvador como una de las paradas de su gira latinoamericana. Foto: Güido Mendoza.

Residente apareció en el escenario con su gorra característica y una presencia magnética. A un extremo del escenario, una mujer mecanografiaba en vivo las letras de René, que se proyectaban en la pantalla gigante. Al otro lado, una artista pintaba y dibujaba en tiempo real, utilizando acuarelas y otras técnicas. Ambas creaban un espectáculo visual único que complementaba las canciones.

El concepto de la gira, irónicamente titulada Las Palabras No Importan, coloca las letras en el centro del escenario como si fueran un integrante más de la banda.

Dos podios flanqueaban la tarima, uno etiquetado como “Residente” y otro como “René”. Cuando el rapero se colocaba detrás del podio de René, interpretaba canciones de su repertorio solista; al cambiar al podio de Residente, nos regalaba clásicos de Calle 13.

Por casi dos horas, Residente demostró por qué es uno de los mejores letristas y raperos de Latinoamérica. Su actuación fue un recorrido por la dualidad de su mente y su legado musical, cautivando a un público que entregaba todo, ya fuera con sus temas nuevos o sus éxitos clásicos. René hizó una breve pausa y pidió a la audiencia guardar los teléfonos y vivir, disfrutar, sentir el momento. Después, lanzó un reto: que todos brincáramos juntos. Lo que siguió fue una explosión de energía colectiva, casi como una “limpia” para nuestras almas.

Luego de esta sacudida emocional, Residente habló sobre la importancia de la educación y el apoyo a los estudiantes, y recordó que El Salvador fue su primera parada para componer “Latinoamérica”. Escuchar esta canción icónica, en Latinoamérica, toma un significado especial: el público la cantó con pasión, expresando una conexión profunda y solidaria. Mientras interpretaba “Ojos Color Sol”, René se envolvió en una bandera de El Salvador, arrancando ovaciones del público.

“La energía del público explotó mientras cantaban con fervor: “… y dale salvadoreño, dale…”. Foto: Güido Mendoza.

El concierto continuó con temas como “Fiesta de Locos” y “Vamo’ a Portarnos Mal”, que desataron una euforia colectiva. Aunque he tenido el placer de ver a Residente y a Calle 13 varias veces, esta presentación destacó por su intensidad y el impressionante concepto visual del espectáculo. Fue un privilegio presenciar a un maestro de la lírica en una de sus etapas más creativas y personales.

El momento más emotivo llegó con “313”. Esta canción, escrita tras la pérdida de una amiga de René, me impactó profundamente. Las proyecciones en la pantalla y los trazos de la artista que se difuminaban con agua, simulando lágrimas, evocaban la fugacidad de la vida y las pérdidas inesperadas. Lloré mientras sentía que partes de mí se borraban junto con las imágenes.

El concierto fue una catarsis total: bailé, salté, lloré y dejé ir todo lo que llevaba cargando este año. Ver a mi rapero favorito en el país de mi madre, acompañado de una banda impecable, fue una experiencia sanadora. No sé si Residente comprenda cuánto nos ayuda y nos sana escuchar sus pensamientos y sus letras, pero para quienes estuvimos ahí, fue un regalo inolvidable.

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