RESEÑAS discos

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Viernes, Mayo 24, 2013
Veronica Chamorro
She and Him
Volume 3
Merge Records, 2013
Estados Unidos
7.5

Pocos mortales sobre la faz de la Tierra tienen el don de convertir una mala experiencia en algo positivo de lo que sacar partido.

Y lo mejor de todo es que Zooey Deschanel lo hace de una manera dulce, quitándole las durezas a las malas maneras y revistiéndolas de suaves e inofensivas melodías que nos llegan hasta el corazón.

El dúo She and Him, o también conocidos como Zooey Deschanel y M. Ward, se han vuelto a reunir para dar vida a este nuevo disco, llamado Volume 3, con 14 canciones, de las cuales 3 de ellas, Baby, Sunday Girl y Hold me, Thrill me, kiss me, son covers. 

Este es el primer disco de Deschanel tras su divorcio del vocalista de Death Cab for Cutie, Ben Gibbard. He ahí el por qué de sus letras que hablan de desilusión y de una relación que pudo llegar a ser algo, pero que se quedó en el camino.

Es así como arranca el primer tema, I´ve got your number, con unas melodías que evocan un soleado horizonte californiano, mientras que la letra nos ubica en medio de una discusión, con frases como “I sacrifice myself at the altar of someone else´s love for me/No, that doesn´t comfort me”.

Las canciones que siguen al conjunto tienen melodías apacibles que bien te pueden llevar a pensar en otra época, como esos afiches de familias felices, en lo que todo es ideal.

Y es que la misma Zooey, con ese rostro angelical y su curiosa manera de vestir, forma parte de esa estampa. I could´ve been your girl, es otra de las grandes canciones del disco, con mucho ritmo, pero que esconde -tras unos marcados punteos de guitarra- la verdadera melancolía de su letras, en la que casi podemos ver las lágrimas correr por su rostro.

En la segunda parte del disco, encontramos cortes como Together, en la que nuestros cuerpos bailan a la par de la música, y es que ese sólo de saxo le da un toque jazzístico a la composición, muy acertado. El cover, Sunday Girl, se mantiene bastante fiel al original de la señorita Debby Harris, ya que en ambas destaca la voz femenina como principal protagonista.

Las baladas, London y Shadow of Love, son dos cortes casi a capela, ya que en la primera le acompaña un modesto piano, que se queda en segundo plano todo el tiempo y en la otra, los instrumentos de cuerda son realmente discretos.

Para finalizar, hay un Reprise (I could´ve been your girl) con un importante juego de voces que suenan a góspel celestial, funcionando muy bien, como cierre del disco.

Como he mencionado antes, las letras tienen una historia de desamor reciente, que contrasta muy bien con melodías afables.

Esto trae dos lecturas opcionales del disco, que depende mucho de la actitud y la situación actual de oyente, ya que podrían ser el acompañamiento perfecto, junto con un helado, para llorar un desamor o por el contrario, ser un buen complemento a un pic-nic veraniego.

She & Him | I Could've Been Your Girl

Sitio Oficial: She & Him

Jueves, Mayo 23, 2013
Pedro Moral
My Bloody Valentine
mbv
2013
Reino Unido
9.2

Desde el increíble ‘Loveless’, lanzado allá por 1991, la banda irlandesa My Bloody Valentine nos había dejado huérfanos de shoegaze. Ahora, están de vuelta con m b v.

Bill “atrapado en el tiempoMurray está sentado en el pasillo de uno de los cientos de miles de karaokes que hay en Tokio. Ese actor de carisma infinito apoya su espalda en una pared con estampado de cebra. A su lado, la más dulce de todas las Scarlett Johansson, esculpe sus labios en el filtro de un cigarrillo.

La escena se rompe con postales de la ciudad japonesa y un sonido de guitarras litúrgicas que arañan el paisaje y el alma de estos dos seres humanos. La voz densa y somnolienta de Kevin Shields acompaña a Murray a la habitación de hotel, mientras este lleva en brazos a lo mejor que le ha pasado en años, la señorita Johansson. Los acordes de Sometimes se apagan levemente.

Existen muchas historias de cómo y cuándo, alguien, tú mismo, o los músicos de turno, escucharon a My Bloody Valentine por primera vez. En mi caso fue Sofia Coppola y su Lost in Translation la encargada de arrastrarme a la dimensión sonora de Shields.

Posiblemente m b v sea el disco más esperado y a la vez el menos esperado de las dos últimas décadas.

Los fans han salivado una y otra vez durante años cada vez que Shields declaraba en alguna entrevista que había material grabado. En 1997 se le oyó decir que habría nuevo disco o él moriría. No ocurrió ninguna de las dos cosas. Ya nadie esperaba nada. ¿Y qué más daba?

La banda irlandesa ha hecho historia con tan solo dos álbumes. Uno de ellos considerado la obra maestra absoluta del shoegazing. El noise pop nunca escaló tan alto. Hablamos de Loveless, claro.

Dicen que había decenas de ingenieros de sonidos en la grabación y que ese esfuerzo mastodóntico por arropar la obsesión de Shields por el sonido perfecto dejó a su discográfica en quiebra. Han pasado más de 20 años desde entonces, Creation Records, la que era su discográfica, ya no existe. Sin embargo la búsqueda por ese sonido único no ha desaparecido.

¿Qué han hecho estos tipos durante tantos años con estas melodías que claramente fueron grabadas hace más de una década? La batería de Colm Ó Cíosóig, el bajo de Debbie Googe, la voz y la guitarra de Bilinda Butcher y el genio de Kevin han estado jugando durante media vida con sonidos pertenecientes a otro estado de la conciencia.

Las millones de ideas que pelean por salir del cerebro del líder hacen de él un ser inestable en la incansable búsqueda de una quimera imposible. No existe el sonido perfecto. Aunque esta vez, como hace 20 años, se ha acercado peligrosamente a su objetivo.

Precisamente con una especie de Sometimes enfrentado a un espejo, comienza m b v. She Found Now está construida sobre una tímida línea de rasgueo sosegado sobre la que se alza el susurro de Shields. Después de romper la membrana del sonido o del sentido común nos asomamos a Only Tomorrow, un bucle donde el bajo y la batería repiquetean el mismo y familiar acorde mientras la voz de Butcher plasma un paisaje de color azul amoratado.

La guitarra sigue arrastrándose entre los huecos que dejan la materia gris en Who Sees You. El sonido que propone Shields en este tercer corte está en una constante decaída de la que se levanta sin esperanza una y otra vez.

Los teclados de Is This and Yes abordan el disco y Butcher gana poder. La atmósfera que proponen está repleta de tensión y la percusión se transforma en golpes de nerviosismo. Son la llegada de aquello que tememos. New You llega para despertarnos de golpe. De repente escuchamos una canción pop, sin capas.

My Bloody Valentine demuestran que saben moverse dentro de lo convencional tan bien como cualquiera pero en seguida volvemos a caer en el estado rem. Vuelven los rápidos movimientos oculares. Los espasmos. In Another Way nos somete primero, para entrar, después, en el particular universo del que luego nos costará tanto salir. La guitarra se mueve entre el ruido y la melodía esperanzadora. Butcher vuelve a acariciar los oídos con su voz. No tardarán en volver a ser agitados.

Wonder 2, la última canción de m b v, la abren unos cuantos helicópteros  y una guitarra esquizofrénica. El tono fantasmal de Shields cierra un álbum a la altura de su predecesor.

La mala noticia es que m b v no va a ser ni la mitad de trascendente de lo que fue Loveless. La esencia de ese sonido casi perfecto se ha mantenido intacta, pero el mundo le lleva a Shields bastantes vueltas de ventaja.

My Bloody Valentine | She Found Now

Sitio Oficial: My Bloody Valentine

Jueves, Mayo 23, 2013
Carlos Arguelles
Kurt Vile
Walking On A Pretty Daze
Matador, 2013
Estados Unidos
9.0

Ruta 66. Recorrer Estados Unidos en un convertible rojo mientras el viento me susurra en la cara. A ser posible un Cadillac; a ser posible un Deville.

Cruzar de punta a punta el país de los sueños, mientras tu melena baila al son de la fuerza de Eolo y tu pareja te mira en silencio, apreciando tu belleza. Salir de la Costa Este, brindar con Bourbon por los caídos, recorrer los campos de maíz, llegar a las llanuras sin final.

Atisbar el comienzo del desierto, llegar a Colorado, simpatizar con viejos moteros en bares de carretera. Hacer el amor lentamente, disfrutar de la vida. Paz, tranquilidad, calma. Y escuchar música acompañándote en ese viaje digno de las carretas de comerciantes del siglo XIX.

El sueño americano siempre ha ido acompañado de melodías, de temas para cada circunstancia y situación. Desde el blues a la degeneración generalizada actualmente. Pero este disco es diferente. Es de esos que si tu padre fuera un greñudo rockero de los años 80, disfrutaría escuchándolo contigo.

Con un poder hipnótico y casi taciturno, Kurt Vile ha conseguido hacer un disco sin especular demasiado, no como hacen otros músicos con variaciones que derivan en finales infelices. Rock, psicodelia y tintes lo-fi.

Pureza máxima, casi tanto como la heroína que consumía su tocayo de Nirvana. Y engancha de la misma manera. Casi nada.

Walkin’ On A Pretty Daze es un álbum intimista, propio y con un cuerpo digno de cualquier vino bueno de California. Una pasón. Capaz de enamorarte de principio a fin, la gracia de este disco es que en su simpleza se encuentra su belleza.

Todos sus temas, de principio a fin, parecen haber sido compuestos para hacerte sentir como si te hubieras perdido en un lugar conocido. Y eso te hace sentir feliz.

El disco empieza con Walking On A Pretty Day. Este tema encarna perfectamente la faceta y características de ejercer como acompañante perfecto a nuestro viaje en Cadillac. Igual sucede con Girl Called Alex o Too Hard.

Sencillamente perfectas, aunque quizás algo faltas de brío para los amantes de la música más alegre. Aún así, son melodías totalmente adictivas.

Cuando abandonamos nuestro flamante auto y nos montamos en nuestra Harley Davidson, las cosas cambian. Sería conveniente que cogieramos una Electra Glide, modelo con radio para poder seguir evadiéndonos.

Comenzamos a escuchar Kv Crimes o Snowflakes are Dancing. Guitarras eléctricas y acústicas gritándome a la cara que vaya a la habitación donde tu me esperarás en el primer motel de carretera en el que haga escala. Sucio, pero directo, fiel y precioso.

Mi viaje termina cuando el disco llega a su fin. Ahora me quedan dos opciones, volver a empezar mi viaje volviendo a poner el disco una y otra vez, o quedarme mirando estas paredes que parecen enclaustrarme…

Adivinen qué tengo pensado hacer.

Kurt Vile | Walkin’ On A Pretty Day

Sitio Oficial: Kurt Vile

Martes, Mayo 21, 2013
José Roa
Melvins
Everybody Loves Sausages
IPECAC, 2013
Estados Unidos
9.0

Un álbum de versiones como debe ser, de principio a fin. No son copias recopiladas a modo de excusa, son completas reinterpretaciones de temas que han influido en la formación a la banda hasta lo que son hoy en día y, como era de esperar, estas recuerdan a esa ecléctica impronta que los define.

Desde el Warhead de Venom hasta In Every Dream Home a Heartache de Roxy Music, sus fuentes no tienen límite ni comprenden de cercos. Todo lo diverso que son los orígenes de estas se desvanece en la inconfundible personalidad musical de la banda, adaptando cada tema a su propia voz, aquella que se mantiene fiel desde sus inicios hace 30 años.

Podemos encontrarnos clásicos absolutos como Black Betty, Station to Station de David Bowie -en uno de los temas más redondos y mejor conseguidos de este Everybody Loves Sausages (2013), así como You’re My Best Friend, aquí titulada Best Friend, de los todopoderosos Queen, en una elección arriesgada y desde luego inesperada que encuentra un punto infantil e inocente en las teclas sintetizadas extraídas de cualquier videojuego de los ochenta, acompañado por una reproducción complejamente bien adaptada del sonido de los de May y Mercury.

Para la ocasión han contado con multitud de colaboradores en varias de sus canciones, como Clem Burke en la versión de Attitude de The Kinks, Tom Hazelmeyer para el Art School de The Jam, a los que se suman Scott Kelly, Mark Arm o Caleb Benjamin entre otros tantos, en un álbum multitudinario que aporta esa frescura a cada tema en apoyo a la interpretación musical.

A estas alturas de la vida, no hay motivo para eliminar los cimientos y su producción parece ser adepta a esta filosofía. El pesado sonido de directo, baterías enormes en una producción natural donde las guitarras se entremezclan en caprichosos ecos que envuelven a la banda, sin empalagar ni emborronar y creando esa fenomenal sensación de naturalidad y cercanía.

Con la paranoica Heathen Earth de Throbbing Gristle cierran un álbum de tributos, un caramelo para ellos mismos tanto como para el público.

Sin la presión de creaciones propias, por el simple disfrute de homenajear a bandas que dejaron su marca en ellos han sacado adelante un álbum absolutamente recomendable, demostrativo de su fuerte sello personal en su increíble trabajo de adaptación y, sobre todo, una auténtica lección de cómo hacer un disco de versiones.

Nadamás chéquénse el video de abajo.

Melvins | Attitude

Sitio Oficial: The Melvins

Martes, Mayo 21, 2013
Pedro Moral
Phoenix
Bankrupt!
2013
Francia
8.0

Los descendientes suelen ser como perros que se reparten la carne que su dueño les tira. Las herencias y las historias que se cuentan sobre herederos demasiado hambrientos son bastante peores que las pesadillas de Stephen King. Y no se salva nadie.

Tampoco los beneficiarios de las posesiones de Michael Jackson que, como malos subastadores, han vendido la mesa de mezclas del rey pálido por 17,000 dólares, cuando su precio original era de un millón.

Los chicos listos que compraron tal maravilla fueron cuatro tipos de Versalles, llamados Phoenix, que llevan desde el 2000 dando de qué hablar, con un rock underground que conoció su máximo esplendor comercial con su anterior disco, Wolfgang Amadeus Phoenix.

Con la consola del genio de Indiana, han grabado su quinto disco y se han alejado del bienestar para coquetear con el riesgo de probar otras cosas.

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Phoenix Bankrupt!

Los cuatro franceses han dejado en un segundo plano las guitarras y se han sumergido en el sonido de los sintetizadores. El disco se llama Bankrupt! y es un reto maravilloso, también ingenuo, pero esto no es para nada una mala noticia.

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El impulso para gastarse la pasta en la consola de Jacko puede parecer presuntuoso, pero después de escuchar el último álbum se puede comprobar que le han dado un uso exquisito y también extenuante.

El resultado es impredecible, está lleno de telarañas electrónicas y curvas synth pop que puede que resulten algo impostadas pero que se perdonan porque el objetivo es perseguir de forma incansable esa riqueza instrumental que llevan sus melodías a otra dimensión.

En aquella en la que triunfaron hace tiempo con Too Young o Everythig Is Everything, no les queda mucho por hacer.

Y Entertainment, el corte que abre la lata, ya no deja lugar a ninguna duda. Su sonido artificial que imita a las melodías asiáticas de otro siglo acompaña a la voz de Thomas Mars a un lugar donde no habían estado antes. Con cuidado se sumergen en un brillante pop eléctrico del que no saldrán en las diez canciones siguientes. 

Mientras sus hermanos de Daft Punk han sacado Get Lucky, una canción creada para el exclusivo uso de cientos de cuerpos que danzan hasta ahogarse en sudor en cualquier sala del planeta, los de Versalles han construido un álbum básico y cerrado con millones de detalles que van apareciendo con las escuchas.

Canciones como S.O.S In Bel Air o Trying To Be Cool aparentan una clara ortodoxia, pero languidecen entre los cambios de ritmo y letras rotas, por un Mars que evoca al fracaso desde el título del álbum.

La canción titulada Bankrupt! es un experimento de 6:57 minutos del que no salen bien parados, ya que la energía acumulada por la primera parte del disco se destruye irremediablemente. Phoenix no consigue sumergirte en la ciencia ficción con la que perfuma los sonidos renqueantes de este corte. Sin embargo funciona como introducción a una segunda parte que supera a la primera.

Entre el pesado sintetizador de Chloroform, una vuelta por la resaca de un día que pudo ser mejor y los teclados de Bourgeois –según Mazzalai el teclado utilizado es de una tienda de todo a 100 y vale menos de 10 euros- llegamos a una de las mejores y más enérgicas canciones del álbum.

La última pista, llamada Oblique City, es una cándida y sonriente celebración de la decadencia en la que se retrata una ciudad desconocida.

Cualquier ciudad por la que estos cuatro músicos han pasado en los últimos 13 años. Y las ciudades que les quedan por delante!

Phoenix | Trying To Be Cool

Sitio Oficial: We Are Phoenix

Sábado, Mayo 18, 2013
Xavi Sancho
The Strokes
Comedown machine
RCA, 2013
Estados Unidos
4.0

En La canción de Lord Rendall (1989), Javier Marías narra la historia de un combatiente en la Segunda Guerra Mundial que llega a casa para descubrir que ha sido suplantado por un tipo que es exactamente igual que él. Desde la ventana, observa atónito cómo su otro yo interactúa con su familia, hasta que, sin motivo aparente, el tipo los asesina a todos mientras entona la vieja canción de Lord Rendall.

El protagonista queda paralizado ante la salvajada que acaba de presenciar, pero una vez superado el estado de shock y la desazón que provoca ser testigo de la muerte de tus seres queridos, el único pensamiento que le viene a la cabeza es la duda sobre quién acabará en la horca. Él o su doble.

Mientras Julian Casablancas asesinaba a The Strokes durante la gestación de su anterior disco, Angles, el resto de la banda observaba cómo unos tipos que se parecían sospechosamente a ellos, pero que, sin duda, no eran ellos, se erigían en cómplices del genocidio y no podían evitar pensar en qué les dirían a sus amigos, a su familia, a su sello, a sus fans cuando se supiera que aquello había llegado a las tiendas de discos con su nombre.

Algunos fueron a pedir cuentas, pero la mayoría, al escucharlo, simplemente, se fueron a otro lado, o incluso a otra época.

Dos años más tarde, se lanza medio a traición, sin apenas promoción, sin nadie que esté disponible para defenderlo en una entrevista, sin siquiera gira anunciada, el quinto disco de los neoyorquinos, y uno no puede evitar pensar que hay, por lo menos, dos miembros de The Strokes que no se han enterado que su banda tiene nuevo disco en la calle.

Más allá de confirmar una vez más que Julian Casablancas es como aquellos novelistas que llevan solo un libro dentro, como aquellos futbolistas que jugaron un buen partido, este Comedown Machine nos sirve para comprobar cómo, de tanto hacer el ganso, The Strokes han logrado sumir al mundo en un estado de confusión solo equiparable al que habitan ellos mismos, que ya no saben si son un grupo, un solista con un trastorno bipolar, una banda de tributo o un avatar de Guitar Hero.

Así, medio planeta ha decidido que es hora de defender su obra, que el que espera otro Is this it se equivoca, cuando el que espera otro Is this it no es que anhele que repiquen ese disco –muchos se enamoraron de ellos desde las páginas de Dazed and Confused, no de Classic Rock, no temen a la moda y no esperan que sus bandas sean como AC/DC-, sino que, simplemente, desea que sean capaces de escribir otra vez una docena de buenas canciones, pero a estas alturas eso ya no importa. Solo queremos salir de aquí sin que los daños sean irreparables. Para ambas partes.

Y la cosa empieza bastante bien. Tap Out es la primera —desafortunadamente, luego se verá que también la última— vez en que la vocación sintética y ochentera de Casablancas logra aunar un ritmo funk con una melodía vocal notable para resultar en un tema más que apañado.

All the Time recupera el sonido de sus dos primeros discos, pero por muchas escuchas que le des, lo máximo que logra sacar de ti es la idea de que Room on Fire tampoco estaba tan mal. One Way Trigger, el tema que sirvió de avance y que, si no hubiesen existido Angles y First Impressions of Earth, hubiese escandalizado a los fans (a estas alturas, lo escandaloso sería un buen single), suena a A-ha y, bueno, dicen que también a un tema de Maná, que ahora no nos vamos a molestar en entrar en Google para saber su título.

Gana con las escuchas, justo lo contrario que Welcome to Japan, que a primeras parece un logrado pastiche Duran Duran, pero pronto se manifiesta como previsible y rematadamente holgazán. A partir de aquí, la cosa va de bajada. Del brillante arrebato punk de 50/50 al apreciable intento por revivir sus primeros años de gloria de Partners in Crime, pasando por un inverosímil intento de dream pop en Chances, media idea refrita en aceite vencido en Happy Endings y dos de las peores canciones que vas a escuchar este año: 80’s Comedown Machine y Call it Fate, Call it Karma.

La primera es tan aburrida, que parece que a Casablancas se le va a acabar la batería a medio cantar; la segunda es algo así como un luchador de sumo tratando de embutirse en un traje de Hedi Slimane. Y es que, si hay algo que tenemos claro que Casablancas aún no ha entendido, es que una cosa es que algo te guste, y otra que seas capaz de hacerlo, o de vestirlo.

No todos los fans de golf pueden ser Tiger Woods, no todos los pornófilos la tienen como Nacho Vidal y no todos los que se enamoran de los ochenta pueden salir de casa con un saco con hombreras y esperar que cuando vuelvan, la familia no haya cambiado la cerradura.

Cuando Javier Marías publicó por primera vez La canción de Lord Rendall, se inventó el nombre de un autor y lo incrustó en una compilación de cuentos fantásticos clásicos. La narración era tan buena que nadie se dio cuenta. Lo mismo pasaba con Is this it.

Le decías a alguien que había sido grabado en el Bowery en 1974 y se lo creía. Como entonces aún no andábamos tan a la greña con la retromanía, eso era un señor piropo.

Ahora, en cambio, escuchas Comedown Machine y piensas que si Casablancas se inventara un grupo (pongamos que los llama The Shits, por decir algo) y lo presentara bajo ese nombre, no lo escucharía ni el resto de los miembros del grupo.

The Strokes | Comedown Machine, 2013 [Full Album]

Sitio Oficial: The Strokes

Sábado, Mayo 18, 2013
LBE
Foals
Holy Fire
Transgressive Records, 2013
Inglaterra
8.0

Hablar de Foals es hablar de la nueva ola de rock matemático inglés.

Yannis Philippakis fletó el barco desde Oxford y quiso adueñarse de los escenarios que otros grupos como Bloc Party podían hacerlo sin una creatividad tan original como la suya. Así, con una melancolía más propiamente británica y unos riffs laberínticos y refrescantes publicaron Antidotes, una auténtica droga sonora que se extendió como una pandemia entre los jóvenes que buscaban experimentar nuevas sensaciones y dar un paso más allá.

Sin embargo, por entonces parecían los primeros Arctic Monkeys: inexpertos, temerarios y un poco superficiales. Condenados a ser una moda pasajera que se iría al garete con la última fiesta de verano. Pero Philippakis no fue nunca un nuevaolero.

Lo decía su origen, su mirada de desdén, pero sobre todo su increíble sensibilidad para ir más allá del ritmo que hacía saltar a todo el mundo por los aires. Total Life Forever ya puso un punto y aparte para salir del local de fiesta, con los medios ritmos de Blue Blood, Miami o Spanish Sahara.

FUCK! DANCE! LET’S ART!, parecían gritar al mundo, como ese conocido recopilatorio de la música electrónica norteamericana.

Cuando anunciaron que Holy Fire iba a ser un disco más “heavy”, todo parecía indicar que la burbuja iba a estallar, que su trayectoria sólo había sido un estudiado e intrincado juego de contrapesos.

Pero Holy Fire no tiene nada de heavy, más que el peso sonoro, que ha ganado en cantidad y calidad considerablemente. Alejándose de las estrafalarias experimentaciones de Bloc Party, Foals han sacado el disco más redondo de toda su carrera. Sin un single muy claro, puesto que Inhaler es de todo, menos representativo, son capaces de cautivar desde el principio al final, de emocionar en la calma y la serenidad que da la experiencia.

Después, uno se rompe con Prelude, que ya pone las cartas sobre la mesa: riffs repetitivos que ayudan a asentar el ritmo, siempre refrescante. Lo que queda de lado es el minimalismo, relegado al ochentero bajo. Los espacios huecos están rellenos de una épica deliciosa, que hace olvidarnos de algunas precisiones que podrían haber sido consideradas errores imperdonables en otros contextos.

Me refiero a Bad Habit, con un parecido razonable con Sweet Disposition de Temper Trap, pero realmente sublime. Es ese tipo de épica seductora que también se desnuda poco a poco en Milk and Black Spiders. Y los cortes mejoran uno tras otro, con la melancólica Everytime, donde los riffs abandonan el jugueteo de las notas, al menos en parte, desatando la voz de Philippakis. En Late Night, recupera los medios tiempos, rellenando todos los huecos con un sintetizador, igual que ocurre en la delicada Stepson.

Incluso cuando recuperan sus ritmos electrizantes del pasado, como en Providence, el resultado es realmente impresionante.

Para cerrar, un ejercicio más de reinvención. Moon, la más introspectiva de todas busca sellar ese camino que iniciaron con Total Life Forever. Y de qué manera.

Sin rompepistas para el recuerdo, sólo la sensación de haber descubierto de nuevo al quinteto de Oxford.

Foals | Inhaler

Sitio Oficial: Foals

Jueves, Mayo 16, 2013
Beatriz H.Viloria
Zahara
La Pareja Tóxica
Music Bus | 2013
España
8.0

La verdadera historia de Zahara es una que habla de metamorfosis y evolución.

En 2009, esta española se convirtió en ‘la chica de la canción del anuncio de la Vuelta Ciclista a España’. Una etiqueta larga y pesada. Además, entró a formar parte de ese nuevo fenómeno de féminas con guitarra del que ya formaban parte Russian Red y Anni B. Sweet, aunque siempre se diferenció por cantar en castellano.

En definitiva, Zahara se encasilló rápidamente, y su edulcorado debut, La fabulosa historia de…, presentaba a una joven entre pasteles de voz dulce, tirando a lo cursi.

Desde entonces, Zahara no paró de recorrer la geografía española, actuando en salas y festivales y demostrando que su arma secreta estaba en el directo. Invitada habitual de nombres del indie como Love of Lesbian, con cuyo cantante, Santi Balmes, firmó una bella revisión de Lucha de gigantes para el álbum de homenaje a Antonio Vega, empezaba a adelantar temas.

Cantaba algo de una pareja tóxica y entregaba la demoledora Pregúntale al polvo, una metáfora de la muerte que presentó como single hace unos meses.

Y así, la andaluza pegó el salto. Primero, uno pequeño, con un radical cambio de imagen a base de tinte de pelo que la convirtió en una atractiva rubia. Y luego, el grande: dejó su sello, Universal y se lanzó a la aventura de grabar por su cuenta, haciendo y deshaciendo a su gusto.

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zahara la pareja tóxica

Con La Pareja Tóxica, su esperadísimo nuevo trabajo, la cantautora española Zahara, ha creado un disco que rezuma tristeza, melancolía, soledad y crudeza.

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Esta carrera de fondo ha alcanzado la meta con La Pareja Tóxica, esperadísimo trabajo donde descubrimos a una nueva Zahara. O probablemente siempre ha sido así, pero no ha conseguido mostrarse tal como es de verdad hasta hoy.

La cantante le ha dedicado tiempo y mimos, ha cuidado cada detalle y mano a mano con el productor Ricky Falkner (que además se deja oír en uno de los temas) ha creado un disco que rezuma tristeza, melancolía, soledad y crudeza.

Pregúntale al polvo fue el aviso. Ahora de su boca salen frases igual o incluso más duras y rotundas. Una voz que empieza dulce y casi susurrada (en ciertos momentos recuerda mucho a Tulsa) nos dice “Puedes creer en Dios. No hay Dios” en el primer corte, El universo, que crece a medida que Zahara empieza a gritar “No lo puedo soportar”.

Sin embargo, si hay que destacar un tema por su dureza, ese es Camino a L.A.

“Quisiera volarte la tapa de los sesos
bañarme con tu sangre
no dejaré que nadie te salve del infierno”

canta con frialdad. Con una instrumentación recargada y oscura, roza el agobio durante los dos minutos musicales donde los instrumentos van cayendo por el camino.

Las despedidas se repiten en Adiós, El lugar donde vienen a morir el amor y Del invierno, pero no todo es tristeza y sentimientos fríos. Una nostalgia de la buena, de la que dibuja una sonrisa, se cuela en Mariposas y existe un atisbo de esperanza ante un amor aparentemente imposible pero que desafiará al mundo: Leñador y la mujer América.

El primer single oficial, cuyo vídeo es el tráiler de la película del mismo nombre que protagoniza Zahara, se presenta como la más cañera, marcada por una rotunda batería. Y mete caña también porque no es una letra romántica ni empalagosa, sino guerrera, siguiendo el camino de las nuevas composiciones de la joven compositora.

Sí, esta intoxicada y visceral Zahara es la chica del anuncio de la Vuelta Ciclista, pero la otra, la que se escondía bajo el disfraz de chica pop entre los pasteles y el olor a mandarinas para contar una historia fabulosa, a la cual por fin le ha llegado la oportunidad para florecer como tantas veces lo ha hecho sobre el escenario.

Zahara | Pregúntale al polvo

Sitio Oficial: Zahara

Martes, Mayo 7, 2013
Iñigo López Palacios
Iron & Wine
Ghost on Ghost
4AD | 2013
Estados Unidos
8.5

Es curioso, al principio se atraganta por los motivos por los que debería ser de digestión ligera: En una primera escucha resulta blando, comodón, tan easy listening que empalaga.

Esos coros y  trompetas se hacen raros. Esa instrumentación tan lujosa, tan de los setenta, resuena forzada.

Y no es un cambio de dirección repentino. Hace al menos dos álbumes, y eso significa casi cinco años, que Samuel Bean, el barbudo de Florida inició este rumbo. De sus inicios, en los que apenas usaba guitarra y voz, a este floripondio actual, la transición ha sido gradual.

Mucho más repentino ha sido el cambio de Destroyer, por poner un ejemplo de un artista de similar trayectoria que ha llegado al mismo punto .

Pero sin embargo en ninguno de esos discos la sensación era esta. Resultaba todo más familiar. Al parecer el cambio está en el proceso. Mr. Bean grabó los anteriores álbumes en soledad, en la granja donde vive con su mujer y sus cinco hijos en un pueblo de Texas, y tardó nueve meses en acabar cada uno de ellos.

Este álbum lo ha grabado en un estudio de Brooklyn, prácticamente en directo, y en un par de semanas. Para acompañarle ha elegido a un grupo de músicos profesionales de primer nivel liderados por Rob Burger, de Tin Hat.

Quizás por eso, superar el rechazo inicial y dejarlo sonar da resultado. Con las sucesivas escuchas el disco empieza a ganar prestancia. Cuesta, es cierto, pero poco a poco se empieza a degustar de otra manera.

El azúcar se posa al fondo y lo que queda tiene otro tono.  La voz de Bean es el nexo de unión con su trabajo anterior. Las letras, que hablan siempre de una pareja, aunque no queda claro que en todas las canciones sea la misma, suenan de repente melancólicas.

Tristeza nostálgica de esas historias de amor agridulces que se consumen; añoranza de relaciones intensas y juveniles, en un mundo que ya no existe, porque solo existía en la mirada de unos adolescentes. Decía Bean en una entrevista que durante la grabación tenía siempre en la cabeza Ram, de McCartney, "parece muy pulido, pero tiene bordes muy ásperos", explicaba.

Sí, es exactamente eso, pasan los días y las canciones que antes empachaban ahora suenan casi gloriosas. Se sorprende uno tarareando Caught in the Briars, o su segunda parte Sundown (Back in the Briars). De repente se degusta con placer el jazz pop de Grass Widows, o la delicadeza de Baby Center Stage, Winter Prayers y New Mexico's no Breeze. Incluso ese bajo y la batería funkoide de Singers and the Endless Songs, que al principio resulta tan chocante tiene su aquel.

Y al final este disco que parecía condenado al exilio no es que encuentre su sitio, es que lo reclama.

Iron & Wine | Lovers' Revolution

Sitio Oficial: Iron & Wine

Viernes, Mayo 3, 2013
Carlos Arguelles | hablatumusica.com
Joe Crepúsculo
Baile de magos
2013 | Mushroom Pillow
España
8

El gran Pablo Picasso decía que “la inspiración existe, pero te tiene que encontrar trabajando”. Una idea me ronda la mente, creyendo que encontraré la fuente de la misma cerrando los ojos mientras escribo.

Las extensas horas frente a un ordenador con las que he ganado soltura mecanografiando, unido a mi avanzada y compulsiva melomanía, me acompañarán en este experimento sensorial tan extraño.

Las normas son muy sencillas, impuestas por mí mismo, como los padres, las de una casa.

Antes de comenzar esta especial audición, y de devolver mi mente a la oscuridad más densa, el análisis de la carátula de Baile de Magos es obligado: Tipografía digna de cualquiera película de terror mala, fotografía enigmática de unos niños en un callejón. ¡Cómo me gusta lo “vintage”! y lo digo en serio.

Pista uno, Nuevo Amanecer. Cierro los ojos cuando la primera nota se dispone a cruzar mis tímpanos, cansados de un fin de semana de ruido variado por los pubs de mi cuidad. Un acorde de lo más ochenteno recorre mi cuerpo, mi aparato nervioso comienza a funcionar.

Dios! no sentía esto desde el viernes antes de salir de casa, cuando me afeitaba escuchando Mi música en detrimento de la impuesta por el sistema. Me hace gracia, me genera simpatía… Y cuatro minutos después, abro los ojos cuando el tema se acaba… Y me sale escribir esto… Y me paro a pensar…

¡El experimento funciona!

Me dispongo a repetir el mismo “modus operandi” con el resto de pistas del LP. Me llama espectacularmente la atención Mi fábrica de Baile, single del disco. Una canción más que digna de los herederos de la Movida Madrileña.

Sin duda ese movimiento cultural y social datado en los años ochenta ha calado en Joe, y él se ha aprovechado de su influencia para crear un sello propio con el que marcar su trabajo.

Una mención a esto podría ser la colaboración con Russian Red, Leyenda, la cual es magistral. O Jade. O Generación Perdida, canto a la sociedad actual.

Sin embargo, no todo son luces en este disco…

Mi experimento también funciona para mal. Hoy no me quiero levantar, cuyo título me evocaba sensaciones de grupos pasados, se convierte de pronto en una cumbia mal hecha. Sus inicios son similares a las canciones de Ráfaga, y por momentos parece que vas a escuchar la voz de su cantante (gracias a Dios no me sé ni su nombre).

Desde luego, si realmente no me quisiera levantar, lo último que crearía sería un tema como este. Super “fail”, estimado amigo.

Todos sabemos a lo que nos enfrentamos, simbólicamente, cuando escuchamos los álbumes del catalán, pero aun así no nos deja de sorprender. En general bueno y maduro. Pero con patadas directas en el estómago como la anteriormente citada.

En fin, te lo perdono querido Joe. Lo único que te pido es que, si te buscas un alter ego, no te apellides Crepúsculo y tu primera canción sea Nuevo Amanecer, porque cuando te busco sólo aparecen vampiros besándose en mi cabeza…

Joe Crepúsculo | Mi fábrica de baile

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