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La única vez que me bajaron de un escenario, fue gracias a Molotov

#CRÓNICA: A 20 años de “¿Dónde jugarán las niñas?” de Molotov
#CRÓNICA: A 20 años de “¿Dónde jugarán las niñas?” de Molotov
Por: 
Vicente Jáuregui @VicentJauregui
Foto: Archivo del artista. Jul 05, 2017

La única vez que me bajaron de un escenario, fue gracias a Molotov. Pero ellos no tuvieron la culpa. Imaginen Uruapan, Michoacán, en 1996. En ese entonces, decir "puto" sobre un escenario, era cosa seria. Actualmente, es común que la chaviza baile al ritmo de decapitados con "canciones" de El Komander.

Además de tocar en Mandrágora, Moisés Gallardo y un servidor estudiábamos música en el Conservatorio de las Rosas en Morelia. Mientras descubríamos el arte de la fuga de Bach, también escuchábamos al primer Molotov, entre los arcos del patio central. Meses antes del estreno del ¿Dónde jugarán las niñas?Iván Naranjo, compositor y fundador de Resistol 5000, consiguió un demo tape en el D.F.

– “Escuchen a Molotov, es una banda nueva bien chida. La conocí en el foro Alicia, todavía no tienen disco, pero me rolaron su demo en casete”, nos dijo Iván, con aire de  complicidad. Sin dudarlo, aprovechamos el receso para avalanzarnos sobre su walkman. Iván tenía razón. Las cuatro rolas que escuchamos, parecían inauditas.

En ese momento, no había algo parecido en México. Más deudores de Rage Against The Machine, Beastie Boys y los Chili Peppers que del Rock en tu idioma, las letras de Molotov germinaban la semilla de una identidad inédita para nuestra generación. Irreverentes, subersivos y decididos, sus versos eran frontales y contenían la perspicacia suficiente para equilibrar consignas políticas, mala leche y posturas raciales de un álbum coherente.

Con doctorado en slang, humor negro, albures y mexicanismos, su ingenio contagiaba de inmediato un sentido de pertenencia. Con Molotov, bastaba sentirte harto y aburrido para pertenecer a su clica. Entre riffs maliciosos y un par de bajos slapeados, se advertía que Molotov cambiaría la historia del rock hecho en México para siempre.

Para adelantarnos al lanzamiento del debut de Molotov, se nos ocurrió que era buena idea coverear “Puto” con Mandragora.  Aún recuerdo esa noche en La Taberna, un bar ubicado junto al Río Cupatitzio. Entre rolas de Pearl Jam, Alice In Chains, Fobia y Caifanes, el Moy asomó el beat box abridor de “Puto”

“Qué muy machino, a muy machino, marica nena más bien putino”.

No pasó ni un minuto cuando el gerente cortó la luz. Ya con varias cheves encima, nos mantuvimos en el escenario.

Puto, puto, puto, puto, puto” seguíamos coreando, hasta que amenazaron con echarnos a los de seguridad.

El siguiente año, el esperado debut de Molotov salió a la venta con una portada provocadora que hoy parece inofensiva. En cuestión de meses, ¿Dónde jugarán las niñas? se volvió el disco favorito de todos. Literal. Del metalero a la chica fresa, el nerd, el grupero o el proto-mirrey, todos nos aprendimos las rolas del disco. Años atrás, el ¿Dónde jugarán los niños? de Maná, apenas simuló ese efecto. Con buenas intenciones, su moral jalisquilla sólo derivó un gusto culposo. En el otro bando, el discurso de Molotov reunía todos los atributos para trascender de manera contundente y demoledora.

Ante la adversidad que representa ser Latinoamericanos, urgía un discurso sin pelos en la lengua, un asidero ideológico que Molotov supo articular con sentido del humor, un elemento esencial para que el mexicano pueda rumiar los “temas serios”. Frente a un hartazgo político y social generalizado, las canciones de Molotov eran pertinentes y necesarias.

Si el punto álgido contra la censura en México, era la aprobación del “sufre mamón” de Hombres G, corear “Chinga tu madre” y “Puto” en un bar, era tan estimulante como fue tu primer borrachera. "Que no te haga bobo Jacobo" se escuchaba en el coro del tema abridor del disco. Una oportuna bomba a Televisa. Finalmente, alguien hacía de la sospecha una canción.

Aunque ahora es moneda común, en ese entonces, el spanglish era “propiedad intelectual” de raperos como Gerardo y programas de Univisión. Escuchar a los paisanos decir “me parquié”, carecía de coolness. Dicha aversión, también fue diluida gracias a Molotov.

“Paseaba en la troca con quemacocos, Parqueamos la wawa y le tocamos al loco, Que siempre jala con sus compadres..." se volvió un grito de guerra para echar desmadre.

Decididos a contrariar a la R.A.E., Tito Fuentes, Micky Huidobro y Paco Ayala, encontraron en Randy Ebrigth la extensión idónea para articular su imaginario binacional: además de aporrear la batería con gracia, el gringo era ágil para hilar versos mientras ironizaba su condición gabacha.

Con clásicos inmediatos y atemporales, el ¿Dónde jugarán las niñas? permanece vigente a 20 años de su estreno. El cuarteto, nunca logró superar su obra maestra. Pero en un México destinado a ser la misma piedra (Carlos Fuentes ditix), sus canciones aún resultan efectivas para desatar el refuego y la catarsis colectiva.

Hace un par de años, Molotov se presentó por segunda vez en Uruapan, una ciudad donde un concierto de rock ocurre en lapsos mayores a un lustro. Esta vez, tuve la fortuna de tocar con CAPO, mi banda. Después de 20 años, ahí estaba, en una Plaza de Toros, repleta e impaciente por mentar la madre y gritar "puto" en un recinto distinto a un estadio de fútbol.

"Ya bájense culeros!", nos gritában desde abajo. Bastó que Tito mencionara que mi hermano y yo éramos paisanos para calmar a la multitud.


Esta vez, nadie nos apagó la luz. En esta ocasión, nadie pudo bajarnos del escenario.


Por: Vicente Jáuregui.


 

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