Vaxxed: Fuera del Tribeca Film Fest

Se trata de un controvertido título que vincula el autismo a las vacunas y que ha reavivado la polémica sobre los movimientos anti-vacunas
Vaxxed: From Cover-up to Catastrophe - Fuera del Tribeca Film Fest
Por: 
KRISTIN SULENG | El País
Foto: Archivo Abr 02, 2016

“Esta pieza no iba a contribuir al debate que yo esperaba...”

Así justificaba, la semana pasada, el actor Robert De Niro su decisión de retirar el documental Vaxxed: From Cover-up to Catastrophe de la próxima edición del Festival de Cine Independiente de Tribeca, que se celebra este mes y del que el intérprete es fundador.

Se trata de un controvertido título que vincula el autismo a las vacunas y que ha reavivado la polémica sobre los movimientos antivacunas. La decisión del festival ha sido celebrada en el ámbito médico y científico. ¿Ha estado acertado De Niro al vetar la película? Hablan los especialistas.

“Creo que el señor De Niro ha hecho lo correcto”, alaba el médico Manuel Castro, especialista en medicina preventiva y salud pública del Complejo Hospitalario Universitario de La Coruña y miembro del colectivo escéptico, Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico (ARP-SAPC). Y añade: “Entiendo que el documental ha sido rechazado por no cumplir los requisitos exigibles a cualquier pieza documental, entre ellos, la veracidad, especialmente si se abordan temas de salud”.

De Niro comenzó el proyecto de su festival en 2002, junto a la productora cinematográfica Jane Rosenthal, en el entorno de la Zona Cero de Nueva York para revitalizar el barrio tras los atentados. Sin embargo, esta decisión no le atañe únicamente por su papel dentro del certamen, el propio actor ha hecho público que uno de sus hijos padece autismo. Por esta razón se interesó previamente por la pieza documental. Hasta que investigó...


Un ex-médico acusado de fraude científico

El nombre de Andrew Wakefield, autor de la polémica cinta, apenas es conocido en el mundo de habla hispana. Sin embargo, es todo un gurú de la corriente antivacunas. El público anglosajón recuerda a este ex-doctor por el escándalo de haber falseado los datos de una investigación publicada en 1998 en The Lancet, una de las revistas médicas de mayor prestigio. Como explica Castro, Wakefield aseguraba que, tras estudiar a 12 niños con alteraciones intestinales y de comportamiento, había encontrado una relación entre la vacunación triple vírica (sarampión-rubeola-paperas) y el autismo.

“De los 9 niños que fueron diagnosticados de autismo, solo uno lo era realmente. Los estudios basados en series de casos tienen muy bajo poder de evidencia en medicina. Era un estudio sorprendente que requeriría posteriores investigaciones, pero Wakefield hizo público el resultado en rueda de prensa, algo insólito para la época. El revuelo, junto con la angustia de los padres, era de esperar”, explica Castro.

Recuperando su vieja falsa denuncia, el hilo argumental del documental de Wakefield es la historia de Brian Hooker, un bioingeniero que publicó un estudio en agosto de 2014 en el que afirmaba que la Agencia Estatal para el control y la prevención de enfermedades en Estados Unidos (CDC) oculta los datos de vacunación que confirmarían el elevado riesgo de autismo en la población afro-americana vacunada. Esta investigación se había llevado a cabo a raíz de unas conversaciones telefónicas con William Thompson, un psicólogo de la agencia. “Pero la revista lo retiró un mes después por problemas de validez de los datos y de análisis estadístico”, anota Castro.

“La película nunca debería haber sido incluida en el programa del festival”. Esta es la opinión del reportero británico Brian Deer, reconocido por haber destapado el fraude científico de Wakefield a través de una serie de reportajes en el Sunday Times entre 2004 y 2010, un documental de denuncia emitido en Channel 4 y artículos publicados en el British Medical Journal. “Se trata de un ataque falaz, sin evidencias científicas. La cancelación del estreno ha sido una decisión correcta por parte de De Niro. Los motivos de la película de Wakefield no son honestos ni transparentes. Su intención es engañar al público con acusaciones contra los científicos del Gobierno estadounidense sin aportar pruebas”, afirma, con rotundidad, el periodista.

La labor del periodista Deer permitió al Consejo General de Medicina británico (GMC, por sus siglas en inglés) llevar el caso de investigación que terminó retirando la licencia a Wakefield para impedir su ejercicio médico en el país. El GMC le acusó de abuso a niños autistas por haber utilizado medios innecesarios durante su experimentación, como la colonoscopia o la punción lumbar. “Wakefield no es un director de cine, sino un ex-médico caído en desgracia que fue expulsado de la práctica médica por múltiples casos de falsedad en su investigación”, subraya Deer.

Aquel escándalo en Reino Unido provocó una cascada de investigaciones para intentar corroborar los resultados, pero sin éxito. “Se comprobó que los niños no presentaban autismo en esa proporción, y que los casos habían sido escogidos cuidadosamente para extraer los resultados que le interesaba. A través de la investigación del periodista Deer, se supo que Wakefield había sido contratado dos años antes por una firma legal que litigaba con el Gobierno por supuestos efectos de las vacunas y, además, que el mismo Wakefield intentaba patentar su propia vacuna", detalla Castro.

Tras desvelar el fraude, la mayoría de los coautores del estudio liderado por Wakefield se retractaron del artículo, y también en 2010 la propia revista The Lancet, al mismo tiempo que el ex-médico tuvo que dejar Reino Unido para emigrar Estados Unidos.


Mártir británico del movimiento anti-vacunas americano

Wakefield es visto como un mártir para los seguidores del movimiento anti-vacunas, que acusan de censura al festival de cine de Tribeca. “No hay problemas de libertad de expresión, porque no hay interés público ni protección legal por este discurso que tiene como única intención inducir a error. Esta película no tiene ningún valor. Cualquiera que entienda la naturaleza del hombre que hay detrás de ella no querría verlo. Solo el material que se puede ver libremente -el tráiler de la película- es una prueba de su mala calidad. Las fuentes están seleccionadas cuidadosamente para crear una falsa preocupación pública”, argumenta Deer.

“Cualquiera con título de médico puede decir tonterías sin que le pase nada. Ese el caso de Wakefield. Le quitaron la licencia por falsear datos, pero si en su lugar hubiera dicho que puede curar las enfermedades con un té de menta, no habría pasado nada. Cuando suceden muertes de niños que no han sido vacunados, la opinión pública va a por los padres, cuando son víctimas engañadas. Jamás les ha pasado nada a los que escriben webs, cursos y libros antivacunas. Sería injusto que un médico publique un libro antivacunas y se vaya de rositas, y que un padre que, por leer un libro, decida no vacunar a su hijo acabe multado”, señala el pediatra Carlos González.

“La intención de Wakefield es engañar al público con acusaciones contra los científicos sin aportar pruebas” (Brian Deer)

El fraude de Wakefield no reside en haber publicado un artículo que contradijera otros estudios científicos, sino en el hecho de falsear los datos, tal como indica este pediatra, autor del libro En defensa de las vacunas (Planeta): “Se sabe que hay efectos secundarios en fármacos y vacunas porque se han publicado varios estudios. Un fármaco puede retirarse del mercado por la gravedad de sus efectos secundarios, pero no basta con probar que algo produce muertes para retirarlo del mercado.  Si las vacunas produjesen autismo, pero solo un caso por cada millón de niños, valdría la pena seguir vacunando. La absurda teoría antivacunas de que las vacunas producen autismo pero el Gobierno nos lo oculta se desmonta pensando que en Europa un niño con autismo grave no va a trabajar en su vida, sino que recibirá asistencia especial, sin pagar impuestos. Esas ayudas son públicas. ¿Para qué el Estado iba a seguir vacunando si la vacuna produjese autismo? No tiene sentido”.

En cualquier caso, en abril del pasado año, un exhaustivo trabajo publicado en Journal of The American Medical Association (JAMA), en el que se analizaron los datos de 95.000 niños estadounidenses, llegó a la conclusión de que no existe ninguna relación entre la administración del fármaco con la enfermedad.

Han pasado 18 años desde que Wakefield publicara su estudio fraudulento, pero sus efectos siguen siendo desastrosos. “En Reino Unido, las tasas de cobertura vacunal disminuyeron un 10% en pocos años, lo que implica un riesgo elevado de epidemias al perderse la inmunidad de grupo, y solo recientemente han vuelto a ascender. Wakefield es una persona tóxica, puso sus intereses económicos por encima de los principios éticos de la práctica y la investigación médica. En Reino Unido no lo quieren ver, pero en Estados Unidos, donde prolifera un movimiento antivacunas organizado, ha encajado en esa mentalidad de conspiraciones a la que es dada una pequeña pero llamativa parte de la opinión pública”, indica Castro.

La vacunación es una de las medidas de prevención primaria más exitosas de la historia de la medicina, recuerda este médico. “Probablemente los recelos que en algunas personas provoca son debidos a su éxito. Quienes hoy vacunan a sus hijos ya no han sido testigos de la mortalidad y el daño por secuelas que provocaba no hace tanto la poliomielitis, las complicaciones del sarampión o la rubeola congénita. Es fundamental para la salud en la población mantener una elevada cobertura de vacunación para que esos tiempos no vuelvan jamás”.


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