El inagotable espíritu lúdico de Neil Young

Young es uno de los músicos que de mejor manera ha sabido reinventarse en una carrera que ya alcanza quién sabe cuántas décadas de trabajo comprometido
El inagotable espíritu lúdico de Neil Young
Por: 
Enrique Blanc
Foto: Archivos LBE Mayo 17, 2015

Me encantan las contradicciones de Neil Young. El hecho de que no hace mucho declarase a tambor batiente que, con esto de los archivos mp3, estamos escuchando música de la peor manera en que se haya hecho en la historia.

Y ahora nos viene con A Letter Home, un disco cuyo sonido parece haber sido extraído de un disco de 78 revoluciones, de esos que debían ser tallados por una aguja en las entrañas de una victrola.

Antes de seguir con esta historia, admitiré que he seguido al canadiense desde sus trabajos más tempranos, aquellos que hizo como parte del inspirado quinteto Buffalo Springfield, así como lo realizado junto a Crosby, Stills & Nash; me encanta ese disco Déja Vu, en el que Young aporta varias composiciones. De su carrera solista, hay muchas cosas que me convencen y me hacen concluir que es uno de las figuras más emblemáticas del rock, sin por ello desdeñar las incursiones que ha hecho en el folk, la música country y el blues.

Young, para envidia de muchos, me parece uno de los músicos que de mejor manera ha sabido reinventarse y mostrarnos distintos perfiles en una carrera que ya alcanza quién sabe cuántas décadas de trabajo comprometido. En ese sentido, me recuerda a otros compositores que también, al diversificarse, le ofrecen nuevas posibilidades a su trabajo. Mencionaré a Elvis Costello, David Byrne y Van Morrison.

Una carta a casa

A Letter Home, el disco que recién ha producido Young, simboliza una singular aventura, perpetrada de la mano de Jack White, misma que resumo a continuación. Resulta que White —otro talento con un gusto insistente por reinventarse— adquirió una máquina extraña: una Voice-O-Graph.

Se trata de una especie de cabina telefónica con un micrófono en su interior que registra el sonido de quien lo desee. Quizás por el carácter nostálgico que innegablemente tiene la voz de Young, es que White le planteó producirle un disco utilizando esta especie de máquina del tiempo. Sobra decir que a Young le encantó la idea y puso manos a la obra.

A Letter Home resulta un disco de once canciones, grabado en esas condiciones. Una selección de favoritas de Young, de la autoría de otros colegas, que además se ha convertido en una extraña y confesional carta a su madre muerta. Su texto de introducción, que llega a los dos minutos, es un relato en el que Young recuenta pasajes de su infancia, de los días en que ambos —él y su madre— veían el reporte del tiempo en la TV de casa.

De la misma manera, Young aprovecha la ocasión para ponerla al día en lo que respecta a su vida y el proyecto que ahora está realizando. “Así que te quiero, y espero que todos estén muy bien allá arriba, y no te olvides de hablar ya con papa. Adiós…”, puntualiza el cantante antes de dar inicio a ese recital íntimo, en el que ocasionalmente vuelve a dirigirse a ella.

“Girl From The North Country” de Dylan, “Crazy” de Willie Nelson —la misma que popularizó Patsy Cline—, “My Hometown” de Bruce Springsteen, entre otras, son las selecciones de Young en este experimento que no puede esconder el espíritu lúdico y cómplice que comparte con Jack White, quien acierta al elegir al autor de “Heart of Gold” para llevarlo a cabo, un músico que incluso en estas condiciones arcaicas de producción, consiguen generar un sentimiento profundo, poderoso y convincente en sus interpretaciones.

“Hey, ma, soy yo de nuevo”, exclama Young a mitad de la grabación. Enseguida, agrega lo siguiente: “Jack y yo hemos descubierto un puñado de las canciones viejas, redescubrimos todas las canciones que yo solía cantar cuando estábamos juntos. ¿Sabes? Los discos que acostumbraba tocar…” Acto seguido, suenan los primeros acordes de “Reason to Believe” de Tim Hardin —que tan bien cantara Rod Stewart en los setenta—, en una interpretación desnuda, con armónica, piano y voz que, como el resto de las que contiene A Letter Home, es una muestra más de la pasión que guarda Young —y White por añadidura— al arte de la canción, a esta rudimentaria herramienta humana que acompaña, reconforta e inspira a quien le preste el oído.

Neil Young | Reason To Believe

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