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Rock azteca!

Enrique Blanc hace un repaso del rock azteca: De los consagrados a la generación Internet
Enrique Blanc hace un repaso del rock azteca: De los consagrados a la generación Internet

Desde que se publicó este texto, muchas cosas han cambiado, pero en general, el panorama que vivimos hoy en día en la industria musical está aquí bien retratado, gracias al testimonio de las voces que participan con su opinión y conocimiento.

Entre otras cosas que ya no son las mismas están las siguientes: Maldita Vecindad se ha declarado desintegrado —aunque, paradójicamente, estarán de vuelta en el marco del Vive—, hay grupos que ya no están activos como Vainilla o Becker pero su lugar seguro ha sido ocupado por alguno más que busca en la independencia hacerse escuchar, en el caso de estos últimos, por ejemplo, sus ex-integrantes ya son parte de nuevas formaciones.

Mopri ahora milita en las filas de Seitrack, llegó allí reconocido por su desempeño en la industria independiente; Noiselab ha dejado de sacar lanzamientos, y su labor fue heredada a otras etiquetas como Intolerancia o Terrícolas Imbéciles, quienes ponen especial atención en el talento latinoamericano. Camilo Lara fundó su propio sello, Casete; y Día Siete dejó de publicarse.

En fin, que he querido reproducir este texto en nuestra plataforma digital no sólo por el hecho de que Flashback se presentará en el festival del Foro Sol, a su vez porque me parece que consigue describir los contrastes que hay entre la industria musical del siglo pasado -muy marcada por el papel hegemónico de las multinacionales-, y lo que sucede hoy, a partir de la gran revolución que nos ha significado la irrupción de la web en nuestras vidas.

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rock azteca enrique blanc 1993

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Estamos en 1993, uno de los años más favorables para el rock mexicano, especialmente para grupos como Caifanes, Maldita Vecindad y Café Tacvba, los responsables de una música que huele, sabe y se escucha mexicana.

Sus canciones rotan en la radio y han podido trascender las audiencias habituales del género, gracias a los referentes mexicanos que incorporan en las mismas: instrumentos, temáticas, ritmos provenientes de nuestra tradición musical.

Tienen en el Tianguis Cultural del Chopo una especie de trinchera colmada de incondicionales que los veneran. No hay revistas especializadas que los apoyen o, las que hay, tienen muchas carencias.

Empiezan a aparecer en televisión, cosa que molesta a algunos de sus seguidores. Ha sido tal su arraigo en la juventud que se habla de que protagonizan el “boom del rock mexicano”.

Han hecho tres de los álbumes más logrados en la historia del género: El silencio, El Circo y Re. Cuentan con el apoyo y los presupuestos desbordantes de las multinacionales, lo que les garantiza las mejores condiciones de grabación —estudios, productores, etcétera—.

Han salido del país y son conocidos en Estados Unidos y Europa. Incluso se tutean con la elite del rock internacional, con figuras como Adrian Belew, Perry Farrell, Beck y David Byrne. En otras palabras, su éxito es incuestionable.

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rock azteca enrique blanc 2008

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El panorama musical en México es drásticamente distinto. El rock sólo se escucha en frecuencias destinadas a éste, las llamadas “independientes” o universitarias como Radio Ibero.

Ya no se habla de cinco o seis grupos hegemónicos, sino de un centenar de ellos, en un horizonte cada vez más saturado donde todos quieren destacar: Los Fancy Free, Bengala, Vainilla, Descartes a Kant, Quiero Club, Niña, etcétera. El apoyo de las multinacionales es mucho menor, tanto o más que sus presupuestos, para nada tan espléndidos como los de antaño.

Su música, en la gran mayoría de casos, bien podría haber sido creada en Londres o Nueva York; un gran porcentaje canta en inglés como se hacía en los setenta e incluso se opta por la vertiente instrumental.

Son poco conocidos en España y Argentina, a diferencia de los grupos de los ochenta y noventa.

Su patria es ahora virtual: la red Internet, especialmente el portal MySpace, del que si estás fuera, no existes en el planeta. Muchos de sus discos los grabaron en casa, utilizando equipo propio, en vez de hacerlo en un estudio, y con un presupuesto que hace una década hubiera arrancado carcajadas.

No niegan cierta influencia de aquellas bandas que surgieron años atrás, las mismas que todavía siguen acaparando muchos de los estelares de los festivales actuales (Maldita Vecindad lo hizo en el Vive Latino de 2008 y Café Tacvba en el tapatío Rock por la Vida, en 2007), pero igual hablan de The Killers, Mogwai o Radiohead como sus influencias.

Quince años de diferencia hay entre ambos panoramas.

¿Cómo fue que sucedió un cambio tan radical? ¿Por qué razón las bandas más jóvenes no han podido heredar el impacto mediático de las consagradas? ¿Qué tanto ha influido en ello el declive de las multinacionales ante el desarrollo de Internet? ¿Hay realmente talento en las nuevas generaciones?

Una serie de incógnitas que este texto pretende despejar, a partir de la opiniones de quienes viven y atestiguan el desarrollo del género en México.

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rock azteca enrique blanc exito

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En 1988, RCA Ariola (hoy Sony-BMG), tras el mediano éxito obtenido un año atrás con la colección de discos Rock en tu idioma, en la que se editaron títulos de grupos españoles y argentinos (Git, Los Toreros Muertos, etc.), decide fichar a cinco grupos nacionales: Caifanes, Maldita Vecindad, Neón, Amantes de Lola y Fobia.

Para garantizar una buena producción de sus discos, se recurrió a argentinos como Óscar López, “Cachorro” López y Gustavo Santaolalla.

En 1989 llegó a México el ejecutivo español Jesús López, que había impulsado con éxito el trabajo de artistas como Nacha Pop y Radio Futura. Ése fue el año en queLa Negra Tomasase convirtió en el primer éxito masivo del rock en español en México y la historia del género tomó un giro radical.

La primera propuesta de López, fue la fundación de un sub-sello que trabajara como los sellos alternativos que generaban nuevos talentos en Estados Unidos e Inglaterra.

López recuerda: “Culebra debería ser un sello independiente, con una filosofía independiente de la compañía matriz, BMG. El nombre era un símbolo: mirando la bandera mexicana pensé que la culebra debía zafarse de las garras del águila.”

Sus tres primeros fichajes, La Lupita, Cuca y Santa Sabina, estrenaron disco en 1992. Más allá de su indiscutible calidad, mucho del rápido éxito que estos proyectos adquirieron, se explica hoy en el apoyo que recibieron por parte del sello.

Pascual Reyes, cantante del grupo capitalino San Pascualito Rey, consigna: “A lo largo de su carrera había todo un mecanismo que enfocaba esfuerzos y presupuestos a estos grupos. Gracias a este apoyo, se tuvo un alcance de verdad grande, así como su distribución y mercadotecnia.”

Otra manera de ver las cosas, que ayuda a explicar el impacto de grupos como Caifanes, Maldita y Tacvba —cuyo primer álbum lo editó Warner también en 1992—, es el hecho de que su música no se mantuvo atada a los estereotipos del rock y ello les abrió otras posibilidades.

Rulo, guitarrista del grupo tapatío Becker, opina: “Maldita son tan masivos porque su mercado es grandísimo. Ellos han hecho una música más arrabalera y tienen una audiencia mucho mayor. Imagínate! si el primer disco de Café Tacvba hubiera ido en la línea del Sino y no con canciones como Rarotonga, otra cosa hubiera pasado.”

Otra perspectiva es la de Tere Estrada, cantante y autora del libro Sirenas al ataque, uno de los documentos esenciales de la historia del rock mexicano, escrito desde la esquina femenina, quien apunta: “Esta carrera es de resistencia, no de un hit o de un disco o una gira. Siguen los necios, los que creen, los que se preparan mejor.”

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rock azteca enrique blanc nacionalismo

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¿Es entonces el nacionalismo exhibido por los grupos de rock de los ochenta y noventa un argumento a favor de su arraigo popular? Puede ser.

Sin embargo, esta postura parece haber dejado de interesar a las nuevas generaciones.

Fabrizio Onetto, más conocido como Mopri, manager y promotor de la escena regiomontana, fundador de HOME, la compañía que representa hoy a grupos como Jumbo, Zoé y Sussie 4, explica: “El término “mexicano” aplicado al rock que se hace en este país me parece irrelevante en nuestros tiempos, a menos que se use como referencia geográfica. Cada banda tiene su punto de vista y su manera de interpretar su música, no hay un común denominador y si lo hubiera, la música sería muy parecida y muy predecible.”

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En los noventa, la hegemonía del rock corporativo (el que apoyaban BMG, Sony Music, Warner, EMI y Universal) ofrecía pocas posibilidades. Alejandro Isassi, cantante del grupo Niña de Monterrey, recuerda: “Si querías ser distribuido por una disquera tenías como única opción enviar tu demo y rezar que les gustara y te firmaran. De lo contrario, tendrías que deshacer tu banda y dedicarte a trabajar en alguna otra cosa. No existía el concepto de “independiente”, como ahora.”

La segunda mitad de la década estuvo marcada por el auge del rock regiomontano y el trabajo que realizó Discos Manicomio —la respuesta de Polygram a Culebra de BMG—, etiqueta que tuvo como responsables a Robbie Lear (quien luego fue Director de Universal México) y Marcelo Lara (hoy integrante de Moderatto).

Manicomio también puso en práctica estrategias inspiradas en los sellos indie anglosajones, pero sus políticas de contratación siguieron obedeciendo al hermetismo de una multinacional.

Entre sus filas surgieron Zurdok —cuyos miembros hoy integran Quiero Club, Chetes y The Volture—, Control Machete —hoy partido en Sonidero Nacional y Pato Machete—, entre otros.

Mopri comenta al respecto: “Cada momento tiene su importancia histórica al verlo de manera retrospectiva. La de finales de los noventa fue la primera generación de rock en México con una sensibilidad del siglo XXI: estaba más conectada con lo que sucedía en el mundo, fue la primera en utilizar tecnologías digitales en composición y promoción.”

Pero en México ya existían desde tiempo atrás, apuestas que fincaron su carrera en la independencia: Jaime López, Fratta, La Barranca. Explica José Manuel Aguilera, fundador de ésta última: “Hicimos discos de varias formas, incluso con BMG, pero La Barranca fue y siempre ha sido un proyecto independiente.”

¿De que forma redituaría esta vocación al paso del tiempo, cuando la independencia se ha convertido en el estado natural de las bandas de rock en el país?

Aguilera explica: “Siempre que sacas un nuevo disco hay que empezar. Pero ya hay cosas que están ahí y que se lograron con el tiempo: sabemos ya con quién hacer los discos, cómo distribuirlos, qué hacer en cuanto a promoción, en eso llevamos un camino recorrido.”

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La búsqueda de independencia por una cantidad de grupos en México cada vez mayor, se favorecería con la llegada del nuevo siglo y el desarrollo de la red Internet. Actualmente las posibilidades de dar a conocer la música han crecido de manera exponencial y los grupos han cambiado su filosofía: ya no esperan por nadie, ellos actúan por sí mismos y exponen su trabajo. Este fenómeno ha aumentando el número de propuestas en cualquier ámbito y también ha vuelto más cerrada la competencia por destacar.

No obstante, los grupos que siguen adquiriendo mayor atención mediática en México y fuera del país son los que se fundaron en los ochenta, al menos en lo que respecta al caso de Café Tacvba y Jaguares. ¿Dónde están sus sucesores? ¿No han surgido acaso propuestas del mismo nivel de los mencionados? Hacer estas preguntas es entrar de golpe en un territorio de controversia.

Héctor Mijangos, director de Noiselab, uno de los sellos independientes más activos en el país, responsable de editar proyectos como Zoé y Los Dynamite, afirma tajante: “El momento de la música en el mundo y en México es mucho mejor que el que había en los ochenta y noventa. No creo que haya falta de calidad en los grupos, más bien hay exceso de grupos. Antes existían Caifanes y Bon y equis, pero eran bien poquitos. Ahora en México, cada fin de semana, puedes ir a escuchar a un grupo nuevo.”

Luke, cantante de Becker, ofrece su óptica del asunto, la cual trasciende el entorno mexicano: “Es una tendencia mundial, no sólo de México, el que ya no haya grandes figuras, grandes bandas. Aún tienes monstruos como U2 y Coldplay, instituciones. Pero ahora el consumo es más rápido, fugaz. Hay cosas más interesantes que esas bandas, pero la velocidad del consumo las arrastra. Y tiene que ver con el formato de distribución del material. El disco ya no es tan importante, lo que es importante es la canción: la gente busca canciones. Ahora, desde una plataforma digital, ya no son tres bandas las que sacan su disco, sino trescientas o tres mil.”

Mopri, en cambio, argumenta que sí hay bandas jóvenes que tienen ya logros importantes: “¿Qué es un gran grupo? Llenar un Palacio de los Deportes para mí es cosa de grandes grupos. Zoé y Café Tacvba lo han hecho recientemente.”

Camilo Lara, quizás el caso más interesante al interior de la industria musical: funge como alto ejecutivo de EMI, pero también compone y produce música como Instituto Mexicano del Sonido a través de una independiente (Noiselab), celebra también el éxito de Zoé: “Creo que es uno de los grupos más importantes en el rock hoy en día y tal vez vendan menos discos que con ese éxito pudo haber vendido Caifanes, pero lo que produce Zoé es no solamente la venta de discos: vende más conciertos, más patrocinios, tracks digitales, wallpapers, etc. Se ha pulverizado la venta. Se vende menos, pero de más productos.”

Cabe agregar que la formación independiente de Lara se ve reflejada en el desempeño de la multinacional para la que trabaja, lo cual, en el medio musical resulta ejemplar. “En el label he impulsado a muchos grupos independientes”, explica. “He hecho E.P.s de grupos nuevos, desde Furland hasta Lost Acapulco, y artistas que están más consolidados como Plastilina Mosh y Titán.”

Señal inequívoca de que hasta las multinacionales buscan adaptarse a los nuevos tiempos.

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La acelerada evolución tecnológica que ha tenido la industria musical la ha revolucionado por completo. ¿Es que aún no alcanzamos a dimensionar su transformación? ¿Qué hacer cuando la sobresaturación de sonidos es el aire de los tiempos?

Baste ingresar al portal MySpace para darse una idea de lo lejos que estamos de los días en que el estreno de un álbum de Led Zeppelin o U2 era una novedad que daba de qué hablar por meses.

Mopri profundiza en el cambio de hábitos que ha traído consigo Internet: “Actualmente la música se consume, se escucha, se procesa y se almacena de una manera muy diferente a la de antes. Ir al Chopo para descubrir música o conseguir discos difíciles de encontrar era una aventura semanal. Hoy en día solo necesitamos tener un poco de tiempo libre para navegar por Internet, en donde podemos escuchar un nuevo grupo de Chiapas o Ecatepec. En ese sentido Internet es como un Chopo de proporciones monstruosas que se puede visitar virtualmente, todo el tiempo. Aunque El Chopo es único y aún puede ser una referencia para cosas que no se pueden vivir en la red.”

Por su parte, Mijangos, como promotor del nuevo rock mexicano, más que concluir con un diagnóstico, hace una petición para que la industria independiente continúe su paso: “Lo más importante es que la gente vaya a los shows. La verdad, que ni compren los discos, pero que vayan a los shows. Que hagan que el artista pueda vivir y que la gente que tratamos de difundir esto también lo podamos hacer. Al final de cuentas, el que compra y el que consume la música, es el que dice qué va a pasar y qué no.”

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Enrique Blanc presentará su libro más reciente, Flashback. La aventura del periodismo musical (Editorial de la Universidad de Guadalajara), en la próxima edición del Vive Latino, en su jornada del jueves 27 de marzo. Si planeas estar en este mega evento, no te lo pierdas!

Flashback. La aventura del periodismo musical

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