Monoplasma al Ruido Fest 2016

Una charla con César "El Vampiro" López
Monoplasma al Ruido Fest 2016
Por: 
Vicente Jáuregui @VicentJauregui
Foto: Archivo del artista. Jun 21, 2016

Monoplasma es un dúo conformado por Víctor Monroy (voz, guitarra, miembro fundador de Pastilla) y César “Vampiro” López (guitarrista en Maná, Jaguares, Azul Violeta y Los Concorde). Bajo una complicidad geográfica angelina y de una filiación musical por el sonido de bandas como los Beatles y The Cure, este par tiene 5 años trabajando en este proyecto.

Para Monroy, Los Ángeles es sinónimo de hogar; para César, representa una extensión territorial, ya que se mudó a California luego de vivir la mitad de su vida en Guadalajara, sin sospechar que allá co-fundaría Monoplasma.

Bajo una admiración mutua, esta complicidad musical terminó fraguada en S.O.S., un álbum conformado por 15 temas del que ahora presentan con el video de “Invasión”, un clip dirigido por Benjy Estrada, que muestra un road trip sicodélico lleno de color angelino.


Desde los primeros años, has sido un guitarrista fiel a las guitarras Fender Stratocaster. ¿Qué te detonó ese gusto?

Justo hace unos días estuve con Maclovio Pérez, encargado de las relaciones públicas de Gibson. Me ha querido convencer desde hace muchos años que me vaya con ellos (risas). Pero yo sigo fiel a Fender. Yo le platicaba que Gibson tiene raíces familiares. Mi padre era guitarrista y sus guitarras siempre fueron Gibson, él tocaba otro tipo de música, le gustaban los boleros. Cuando tocaba guitarra eléctrica tocaba baladas de los 70. Las guitarras Fender no le acomodaban. Entonces comencé con Gibson porque no había de otra. Lo curioso es que mis medios hermanos se apellidan Gibson (risas). Entonces está muy presente en mi familia. Sin embargo siempre hay un rompimiento con los papás, cuando quieres marcar tu territorio, cuando buscas independizarte.

¿En cuestión de estilo o sonidos a qué guitarristas querías emular en esa época?

Yo comencé muy chico, a los 5 años. Comencé a tocar en grupos a los 17, a finales de los 80. En ese momento el sonido de la guitarra no era gordo como en los 70, de bandas como Led Zeppelin, que me encantan. En ese tiempo se escuchaba The Cure, Duran Duran, Depeche Mode, que traían un sonido más delgado. Yo quería captar ese sonido y así decido compara mi primer Fender Stratocaster, ya con mi dinero. En ese momento me estorbaba la pastilla de en medio, porque las Gibson no tienen, pero uno se acostumbra y eso le decía a Maclovio, después de tantos años yo ya tengo medido todo en la Stratocaster. El volumen, por ejemplo, me parece que está en un lugar muy estratégico para bajar o subir el volumen. Tengo varias Gibsons que me ha regalado.

Antes sí tenía la costumbre de sacar otras guitarras en los videos. Pero luego agarré patrocinio con Fender y esa costumbre no les gustó (risas). Ya me regañaron una vez, porque en el video de “Como tú” de Jaguares saqué una Les Paul de los 70, pero fue antes del patrocinio, me disculparon y todo bien.

Justo en esa época de Jaguares, allá por el 97, conoces a Víctor Monroy cuando estaba grabando un disco de Pastilla ¿cierto?

Fue como 98 o 99, ellos estaban grabando Vox Electra, el productor era Diego Herrera, tecladista de Caifanes. En aquel entonces yo estaba ensayando con Jaguares, en casa de los padres de Alfonso André, donde él hizo estudio.

¡El Submarino del Aire!

Ese mero. Ellos estaban abajo grabando y nos conocimos. A mí ese disco me voló el coco. A mí el rock en español no me gusta mucho, mi generación viene de escuchar rock en inglés. Pero ese disco me gustó y se me quedó la espinita de grabar algo con Víctor. Quería hacer otro tipo de música de la que había hecho.

Se tardaron casi 20 años.

(Ríe) Sí, en ese momento yo les seguí la pista, luego escuché A Marte, que también me gusta mucho, ahí grabó la batería Enrique González, que fue baterista de Jumbo y ahora grabó el disco de Monoplasma. Ahorita anda de baterista de Los Lobos. De repente me empezaron a invitar a tocar en sus conciertos y luego me invitaron a grabar algunas rolas. Entonces le dije a Víctor, “vamos haciendo nuestras rolas, por puro gusto, tu sigues con tu grupo, yo tengo el mío, pero hagamos rolas”. De repente ya teníamos 30 canciones adelantadas. Entonces decidimos ya darle forma, grabar el disco y pensar en hacer una banda para salir a tocar. Pero sí fue un proceso bastante largo, como de 4 o 5 años.

Mi interpretación es que ustedes son una banda de canciones, no de clavarse en una súper producción. Creo que están recuperando la importancia del songwriting.

Víctor trae las ideas melódicas de la voz, la batuta de las letras, yo ahí meto mi cuchara con la música. Algunas rolas incluso eran para Pastilla, en algún momento. A mí me gustaron mucho y las expropiamos para Monoplasma. Otras nacieron en su casa desde cero, otras poníamos el ProTools para palomear y de ahí salían ideas. Así fue, poco a poco. Lo que dices es muy cierto, para nosotros lo más importante son las canciones, dentro de eso, la melodía de la voz es fundamental, hay que cuidarla mucho, que tenga algo interesante para que haya una buena canción. No tengo una fórmula para venderla, pero lo que he aprendido en mi carrera es eso, a partir de canciones. Cuando pasa algo es gracias a las canciones.

El disco se llama SOS, ¿se trata de un llamado de axulio ante qué?

Sí es un llamado de auxilio y es el nombre de una de las canciones. Es difícil cuando llega el momento de ponerle nombre a un disco. A mí se me ocurrió el nombre porque es cortito, ayuda en diseño gráfico. En aquel entonces estaba leyendo un libro que le dieron a mi hijo sobre el Titanic, algo sobre la clave morse, el S.O.S., me pareció interesante y a Víctor también le latió. La canción tiene su temática, habla de un exilio ante la crisis que se vive globalmente no sólo a nivel económico, sino político y social. Se ven muchos agravantes por tanta injusticia, impunidad, ahora lo que está pasando en Oaxaca. Mandan a los policías golpeadores a imponer una ley, no hay un diálogo. Eso entre tantas cosas.

Me llamó la atención que no eres tan fan del rock en español porque has estado en dos de las bandas más importantes del género como Jaguares y Maná.

Siempre he estado en el rock en español y asumo mi responsabilidad (ríe). Yo veo que hay muchos chavos que se entusiasman con el rock en español y me da mucho gusto, porque de eso vivo. Pero es cuestión generacional, de crecer escuchando todo en inglés. Cuando yo empecé había grupos, pero no había infraestructura para hacer giras, no había equipo, ni monitores para escucharte (risas). Muchas veces ni permisos, algunas tocadas eran clandestinas, todavía estaba lo de la prohibición por Avándaro. Yo creo que hasta que llega Soda Stereo, que me voló la cabeza completamente. Hasta ese momento pudimos ver un concierto en grande. Los grupos en inglés no iban a México, estuvo Rod Stewart y Quiet Riot con dificultad.

Lo curioso es que tu generación desarrolló una voz muy única del rock mexicano, con una identidad muy peculiar, con raíces latinas incrustadas en la música. Algo que se ha perdido en los últimos años, con las nuevas bandas que sólo quieren sonar anglo.

Es algo que se ha ido perdiendo. Ahorita los chavos se saben un montón de covers, en mi época yo no me sabía ninguno, ahora ya me sé algunos, pero antes era componer todo el tiempo. Esa era la tendencia a finales de los 80 con Azul Violeta, que fue mi primer grupo. Casi no tocábamos pero siempre estábamos escribiendo material, cambiábamos el repertorio cada dos meses (risas). Es curiosos cómo se contraponen las dos ideas.

¿Qué te llevó a mudarte para L.A., fue una búsqueda musical?

No, llegué por cuestiones familiares, a mi ex-esposa le ofrecieron un trabajo y nos pareció interesante probar cosas diferentes. Yo estaba con Jaguares y me absorbía mucho tiempo, no da tiempo de hacer otras cosas.

Lo pregunto porque muchos músicos se muda a L.A., allá está Sergio Arau, Bunbury, Saúl Hernández vivía allá. ¿Se llegan a juntar a “hangear”?

Sí, antes... Yo casi no salgo, yo rara vez voy a show, solo a los míos (ríe).  Pero luego nos vemos con Beto Cuevas, cuando llegué acá sólo conocía a los de La Ley y a Los Tres, que estaban acá. Se hizo un buen grupo de amigos. A Sergio lo veo seguido, Bunbury no he tenido el gusto. Están los chavos de Kinky, Leonardo de Lozanne parece que anda por acá.

Van a armar un súper grupo, ahora que está de moda.

Sí, pues lo hicimos con Los Concorde, con Mauricio Clavería, Poncho de La Lupita, Leonardo de Lozanne. Yo sólo grabé un par de canciones pero era muy divertido. De repente veo que entre los colegas hay celos, yo lo veo muy diferente, me gusta tocar con mucha gente, hangear también porque surgen cosas. Tocar en festivales para conocer más músicos. Tocar con más gente te hace tocar diferente. Yo no quiero desperdiciar las oportunidades. Por eso mis proyectos son tan diferentes entre sí. De repente tengo gente que le gusta lo que hago en una banda y no le gusta lo que hice en otra (ríe).

Ahora que mencionas los festivales, van a estar en el Ruido Fest, que es como un Vive Latino en Chicago. Van a estar los Fabulosos, La Ley, ¿qué bandas te emocionan del cartel?

Híjole, desde hace rato yo estoy como encapsulado en una burbuja, soy como tipo y estoy muy desconectado. Dentro de lo que yo sé, estoy enterado que estará un grupo que se llama Monoplasma y por eso voy (risas). Ahora me entero de que estará La Ley, iré a saludarlos y allá me daré la chance de ver bandas nuevas.

¿Qué podemos esperar de su show?

Vamos a tocar 14 de los 15 temas que conforman el disco. Tocamos el 9 de julio en el Ruido Fest. Me gustaría anunciar que el 8 estaremos también en Chicago un bar que se llama Ten Doors, con un show más íntimo. Estamos buscando tocar más, es difícil para alguien que empieza, pero la vieja fórmula de tocar en vivo es lo que funciona, a pesar de que la industria ha cambiado mucho. El público del rock se engancha en vivo y es muy fiel cuando le gusta algo.

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