Amparo Sánchez: Música y valor

Amparo Sánchez - La niña y el lobo: cuando la música da aliento y permite ayudar

Por: 
Malena González Alemany
Foto: Archivo LBE Mar 12, 2015

La primera vez que la vi vestía una maravillosa falda de mil colores. Era verano y yo la miraba a lo lejos, tímidamente, quizá con una temprana admiración que luego fue creciendo con los años. Ella estaba en el backstage de un festival en el que tocaban varios grupos. Ella esperaba sola; esperaba subir al escenario para tocar con su banda: Amparanoia.

No sé por qué, pero esa imagen suya, solitaria y serena, me ha quedado grabada profundamente. En aquel momento Amparo Sánchez era la voz y líder de aquella original agrupación que fue de las fundadoras de la música fusión en España, y que luego de su disolución se convirtió en una banda de culto dentro del mundo del género mestizo.

 Volví a ver a Amparo Sánchez por última vez en el Festival Esperanzah, hace unos meses: en octubre de 2014. En lo musical, ahora apuesta fuerte a su proyecto más personal, que lleva su nombre: Amparo Sánchez, y quedesde su fundación en el año 2009 ya lleva tres discos de finísimo nivel: Tucson-Habana (2009); Alma de Cantaora (2012) y Espíritu del Sol (2014).

Pero ese día, Amparo no estaba en el festival para cantar, sino para contar: para contar su historia, para poner su granito de arena en la lucha contra la violencia de género, para mostrarle al mundo que, si se quiere, se puede salir de una relación dañina, tóxica, de control.

Amparo llegó al Festival rodeada de amigos y familia. Colocó serenamente en la mesa el libro que había escrito y que venía a presentar: La niña y el lobo y se sentó delante del público que la esperaba, que la quería escuchar. Sin duda estaba nerviosa, se frotó las manos un par de veces antes de comenzar a hablar sobre el libro, su libro. Y hacerlo era hablar sobre su historia, porque en él ha reconstruido a la niña que fue y a la mujer que terminó siendo gracias al coraje y la fuerza de aquella niña, pero también, y en gran medida, gracias a la música.

El libro relata, a modo de diario íntimo, la primera relación de pareja de Amparo, su primera historia de amor. Revive, 25 años después, una relación que empezó como un amor adolescente y terminó en una tortura, pero que en medio le dio, aunque siendo muy joven, a su primer hijo: “muchas chicas iban entonces a abortar a Londres, yo decidí tenerlo…” dice. Lo tuvo con quince años y a lo largo de todo el libro éste se encuentra presente, con un rol protagónico, en todas las etapas que conforman ese proceso de transformación que nos relata Amparo: desde el embarazo, pasando por el maltrato, la incomprensión, la necesidad de salir delante, la sensación intermitente de que quizá “en parte era culpa de ella todo lo que le estaba pasando” y terminando con el carpetazo a su vida anterior y el comienzo de una vida nueva en Madrid solamente junto a su hijo, gracias a su fortaleza y a su música.

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Amparo Sanchez Amparanoia La niña y el lobo libro

En su libro, La Niña y el Lobo, Amparo Sánchez (Amparanoia), cuenta su historia para poner su granito de arena en la lucha contra la violencia de género, y así mostrarle al mundo que, si se quiere, se puede salir de una relación dañina, tóxica, de control. En el libro, Amparo relata, a modo de diario íntimo, su primera historia de amor. Una relación que empezó como un amor adolescente y terminó en una tortura, pero que en medio le dio, aunque siendo muy joven, a su primer hijo: “Muchas chicas iban entonces a abortar a Londres, yo decidí tenerlo…” dice.

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Por más que al transitar las páginas del libro uno siente una lógica indignación o rabia por la injusta historia de violencia y maltrato que confiesa tan crudamente, lo que más fuertemente sentí, durante la lectura, fue un gran cariño hacia Amparo: hacia ella como persona. Sentí muchas veces, mientras leía, profundas ganas de abrazarla fuertemente; pero no un abrazo piadoso, por lástima, sino un abrazo sincero, de afecto. Y ello, porque de sus párrafos se escapan varios detalles, sutiles en su mayoría, que dejan entrever elementos muy nobles de la personalidad de Amparo; los cuales, además, es evidente que no fueron incluidos intencionadamente para generar esa percepción, sino que surgen de la naturalidad, la franqueza y la espontaneidad con que está escrito. Sin dudas, se trata una obra que ha sido escrita con el corazón en la mano y eso le da una particularidad maravillosa. Sumado a lo grato que resulta descubrir, de este modo, que en Amparo Sánchez hay cosas mucho más admirables que su gran trayectoria artística.

Resulta muy interesante cómo la autora ha logrado conectarnos con aquella “Amparito” de tan solo 15 años. Ella misma ha contado, en alguna de las presentaciones del libro, que hace mucho tiempo decidió quemar todos los diarios y agendas que conservaba de aquellos años, por lo cual para escribir el libro tuvo que recrear todo a través de sus recuerdos e imaginación. Y lo ha logrado con rotundo éxito, consiguiendo una verdadera “invocación” (casi espiritista) mediante la cual, más que recordar, parece que hubiese logrado traer del pasado a aquella Amparito para que -a flor de piel- le cuente al lector lo que está viviendo... lo que está sufriendo. Con esto consigue, además, dotar al texto de una hermosa inocencia, espontaneidad y fresca confidencialidad.

Además, si bien cuenta una historia personal, estamos frente a una obra que somete a análisis muchos elementos que hacen a patologías que todos sufrimos en las relaciones, y no sólo en las de pareja. Es un libro que al abrir tan de par en par el alma de su autora, al desnudar tanto su más profunda humanidad, deja una gran cantidad de cosas expuestas que muchos padecemos y preferimos ignorar. Creo que quien lea con honestidad el libro va a encontrar muchos puntos de reflexión profundos que pueden ayudar a mejorar, incluso a quien no está viviendo una historia de violencia de género.

Ha llovido mucho desde aquel primer día que la vi, pero la mujer que pisa fuerte y que se agarra de la música para vivir es la misma, y aquella imagen que guardo de esa joven Amparo esperando tímida y tranquilamente a subir al escenario hoy la siento tan vinculada con la de esta guerrera que ha venido hasta este Festival para abrir su corazón, no ya cantando, sino compartiéndonos desde su libro su más dura experiencia. 

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¿Por qué ahora?

Amparo Sanchez Amparanoia La niña y el lobo

Amparo fue clara aquel día, en la presentación del libro, cuando explicó el propósito del mismo: “Quería que mi historia sirviera para detectar los síntomas de una relación de control” dijo, y siguió “Si solo ayudo a una persona esto ya tendrá sentido”.

Ayudar: que nadie se quede indiferente ante la violencia de género; reaccionar: saber que se puede y se debe pedir ayuda; aprender a amarnos: comprender que la víctima nunca es culpable y que jamás merece ese sufrimiento. Éstos son algunos de los propósitos y también son las enseñanzas que Amparo adquirió desandando este camino a través del cual ella quiere continuar luchando. Camino en el cual lleva mucho tiempo combatiendo, tal vez estos años desde la sombra, pero ahora poniendo cara, nombre, apellido, historia y aliento.

Mientras la escuchaba hablar sobre el libro me preguntaba constantemente: ¿por qué lo habrá escrito ahora, si lo que allí relata pasó hace tanto tiempo?, y con el transcurrir de la presentación pude inferir la respuesta, de las propias palabras de la autora. Esto fue así por una razón muy natural y muy madura: Amparo quiso trasmitir su testimonio una vez que las heridas estuvieran totalmente cicatrizadas, no quiso guiarse por el rencor, ni por el dolor, ni por el resentimiento. Quiso ayudar y sabía que para eso era necesario que su relato no estuviese salpicado de emociones personalísimas que puedan interferir en su función auxiliadora. Tenía que usar con mucho cuidado y objetividad la historia que a ella tanto le hirió, para que fuese realmente efectiva a la hora de evitar otras heridas, otros sufrimientos.

Y lo hizo realmente bien. En el libro no hay rastros de victimismo. Nada. Rencor tampoco: nada de nada. ¿Esto fue premeditado? No lo sé, pero la impresión que genera es que en gran medida ha sido algo más bien natural, pero hubiera sido imposible sin transitar el proceso que la llevó a despojarse del rencor  y del resentimiento. Y digo esto porque resulta evidente -al leerse el libro- que Amparo no quiso que su historia fuera un ataque, sino una mano tendida, una voz amiga, un espejo, una herramienta para generar ese click que ayuda a detectar lo que está mal, lo que nadie merece, lo que no se justifica como algo que puede formar parte del amor o del enamoramiento.

Amparo ha dicho que también quiso, con el libro, ofrecerle la historia completa a su hijo, sacar a la luz cosas que nunca había contado, que él dijera, al terminar de leer el libro: “pero lo vuestro era una historia de amor, estabais enamorados”. Así lo hizo y así resultó. 

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Música sanadora

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La música fue la gran aliada de Amparo durante esos años. La ilusión que, junto a su hijo, la ayudaba a seguir adelante. Se agarró fuerte de la música y luchó por ganarse la vida con ella. Esa fue su salvación. Se mudó a Madrid para hacer borrón y cuenta nueva de su vida en Granada y para apostar todo por su sueño: si nosotros mismos no creemos en nosotros, nadie lo hará. La música, entonces, se convirtió en su sanadora: ésta fue quien le ofreció la oportunidad de valerse por ella misma y, sobre todo, quien le dio la oportunidad de soñar con una nueva vida y le devolvió la ilusión.

Y no solo ello, sino que ahora, nuevamente la música acude en su ayuda, sirviendo como un invalorable canal para la concreción de los objetivos del libro: Es una realidad: Si Amparo no hubiera llegado con su carrera musical hasta donde llegó, seguramente su libro tendría un camino mucho más arduo y complejo para llegar a la cantidad de manos a las que, afortunadamente, está llegando. Además, el lugar que Amparo ocupa encima de los escenarios puede servir para clarificar que la violencia de género no es una cuestión de clases sociales, ni de caracteres débiles, ni de mujeres cabizbajas. Le puede ocurrir a cualquiera, hasta a la mujer más fuerte y bien plantada. Ella es un ejemplo de esto. Y lo sabe. Por eso utiliza su carrera, su camino y su nombre para dar voz a las que no pueden hablar, a las que se sienten solas, culpables y sin salida.

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“Si ella pudo, yo también...”

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La presentación del libro en el Esperanzah  duró poco; Amparo dijo lo justo pero lo dijo bien; lo hizo, además, con claridad y entereza. Se invitó a los asistentes a formar parte del turno de palabras y tomaron el micrófono mujeres que, una tras una, contaron sobre su experiencia, sobre la de su hermana, sobre la de sus padres o sobre la de alguna conocida. La violencia de género estaba ese día presente, se rompió el tabú, la vergüenza y el miedo mientras los demás asistentes escuchábamos con solemnidad; yo me sentía profundamente afortunada por estar ahí porque no sé si pasará en todas las presentaciones del libro, pero me pareció que el efecto que causaron ese día las palabras de Amparo fueron el empujón que necesitaron esas mujeres, no solo para hablar de su dolor, sino para hacerlo delante de más de cincuenta personas. Fue emocionante y tuve la seguridad de que el camino es ese y de que es un acierto la propuesta de Amparo.

Después de ese último encuentro me doy cuenta de lo curiosos que terminan siendo los caminos vitales. El de Amparo se oscureció hasta que la música empezó a sonar fuerte y hasta el momento en que se dio cuenta de que si creía que ella era capaz, tenía todas las posibilidades para triunfar. La música le ha dado la oportunidad de volver a ese momento oscuro, pero también de aportar mucha luz a ese pasado, a esa oscuridad. Ojalá consiga con su libro ayudar, sensibilizar y lograr empatía; ojalá que esta obra sea una herramienta importante en esta universal lucha para erradicar de una vez por toda la violencia de género en todas sus formas.

Amparo sin dudas ha pagado un precio bien alto para brindar su aporte: ha desnudado su alma y todos hemos podido ver su más íntimo dolor. Pero, por suerte, también su coraje y valentía. Esta lucha no ha hecho más que continuar y todos tenemos el deber de no permanecer indiferentes frente a esta batalla.

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Amparo Sánchez con Bebe | Fuera fiera

 

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