El Gran Silencio: Al puro chúntaro style!

El Gran Silencio: Al puro chúntaro style! Foto: María Madrigal

Por: 
Enrique Blanc
Foto: Marría Madrigal Dic 19, 2013

Escucho Guacharaca scratch, el primer track de Libres y locos, el álbum de debut de El Gran Silencio y corroboro la vigencia de su propuesta en versos como:

“Somos unidos,
no somos desunidos,
por esas estupideces que no sirven para nada.

Con pistolas en la mano,
los hermanos se disparan,
sin saber que todos somos de la raza mexicana.

Una cosa es la locura
y otra es la estupidez.

Somos libres y locos,
así como nos ves,
para nunca ser vencidos,
debemos estar unidos,
debemos estar unidos para siempre estar en paz…”

Escrita a finales de los noventa, la canción bien podría estar refiriéndose a la ola de violencia ligada a los cárteles del narco que azota a México, en distintas zonas.

Desde la primera vez que escuché al quinteto de Monterrey, me interesé en su música. Había en ella la idea de dar continuidad a lo que ya habían hecho antes Maldita Vecindad, Caifanes y Café Tacvba.

Sus ritmos, una de las contribuciones más interesantes de la música creada en Monterrey, resultaban una iconoclasta amalgama de muchas cosas puestas en juego a la vez: cumbia, música norteña, vallenato, hip hop, rock y canción.

El primer encuentro que tuve con ellos se dio previamente al concierto en el que debutaron en Guadalajara, en el Bar Fly, en 1999. De aquella charla, elaboré dos textos. En uno, publicado en la páginas de El Financiero , el sábado 23 de enero de 1999, hice un recuento de cómo Monterrey se había colocado a la cabeza del rock en la segunda mitad de los noventa.

Entre los testimonios de los que eché mano, estaba el siguiente, en el cual Tony Hernández, guitarra y voz del grupo, aludió indirectamente a la competencia que siempre sostuvieron con Control Machete, competencia que me parece les hizo bien a ambos, los dos, responsables de algunos de los discos más logrados de dicha escena.

– “No quitamos que Control ha hecho muchas cosas buenísimas, es muy buena banda. Pero el hecho de que se desintegraron tres bandas para hacer una, no nos pareció tan bien. Tres bandas que eran mucho mejores, para mi gusto. Pasto tenía una manera de rapear increíble, con dos vocalistas; la Prófuga del Metate era algo bien extraño; La Última de Lucas estaba más apegada a Faith No More y Mr. Bungle, pero también estaba muy bien.”

El otro artículo, publicado en el periódico Siglo 21, el domingo 24 de enero del mismo año, tracé el desarrollo del grupo hasta llegar al éxito tras el estreno de Libres y locos. Lo reproduzco a continuación.

Al ritmo de:
“Y empieza el mitote y observa lo que hago,
traemos a la sangre de Villa de Santiago,
ahí donde nace la Cola de caballo,
la presa de La boa y el elote tatemado.

Siente en el alma el corrido norteño,
los rucos fara-fara que tocan con empeño
“fara, fara, fara, fara” suena el acordeón.

Es el Gran Silencio que nació de Nuevo León…”

como cantan en “Mitote”, el quinteto El Gran Silencio se consolidó como una de las propuestas musicales más frescas que hayan surgido en el nuevo rock de fusión mexicano, en esa fértil cantera que es Monterrey.

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el gran silencio 2013

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El rasgo que los distingue de las demás bandas de su generación, es que en ellos hay una inclinación hacia la hibridación, a través de la cual rescatan el folclor norteño e incluso estilos de otras latitudes de América Latina, como el vallenato.

—“Nosotros venimos de un barrio donde se escucha de todo”—, afirma Cano, el otro guitarrista y cantante del grupo, hermano de Tony. —“En Monterrey está muy fuerte la onda grupera. Nuestros papás oían norteñas, polkas y chotises. Y, por otro lado, también se escucha mucho el rock y el rap. Entonces, a la hora que nos juntamos, con todas esas influencias, sale nuestra música, una mezcla de norteñas con ragamuffin, vallenatos y ska. Es una revoltura que no sabemos ni qué estamos haciendo”.

Asimismo, se percibe en sus canciones, la huella de cantautores nacionales de corte urbano como Jaime López, Arturo Meza y Rodrigo González, quienes a mitad de los ochenta, dieron continuidad al rock cantado en español desde el subterráneo, reteniendo referentes de la expresión popular, en sus composiciones.

—“Son los padres de nuestra propia actitud. Como si fueran “Piporro”, Ramón Ayala, José Alfredo Jiménez, hasta el mismo Armando Manzanero y Agustín Lara. Ellos que nos han dado, aparte de buena música y buenas letras, actitud para con la vida”—, explica Tony Hernández.

Pero esta querencia por la fusión no es una casualidad.

De hecho, El Gran Silencio es una de las bandas más veteranas del norte de México, que desde 1992 hacía ruido, en el más puro sentido artesanal, con dos guitarras, un bote de cartón y una armónica.

—“Tocábamos en todas partes, hasta en los camiones. Teníamos una carrera independiente. De hecho, sacamos un material que se llamó Dofos, que fue uno de los más vendidos en Monterrey en esos años, aunque tuviera una calidad poco profesional”—, comenta Tony.

—“Adquirimos mucha fuerza en el norte porque el casete se fue a Tamaulipas, Coahuila, Chihuaha. Entonces nos hablaron de EMI para grabar un acoplado de grupos subterráneos. Según esto, los más fuertes de la República. El acoplado se suspendió, pero nosotros entramos en la disquera”.

Otra característica que hermana a El Gran Silencio con otros grupos contemporáneos como Control Machete, La Flor de Lingo, e incluso los defeños Molotov, es su recurrencia al rap, otro de los ingredientes que se recicla en su ecléctico sonido.

Cosa que a no muchos agrada, cuestionando el hecho de que estos grupos mexicanos echen mano de un estilo más arraigado en ciudades norteamericanas, como Los Ángeles y Nueva York.

—“Monterrey es frontera, aunque no tengamos una zona real de cruce con Estados Unidos”—, explica Tony. —“Tenemos mucho pasaporteado: gente que no se va a vivir allá, sino que va y viene. Y todas las influencias las traemos de allá. De hecho, hubo mucha fuerza del break dance. Y zonas como Guadalupe, Escobedo, San Nicolás, siempre han generado mucho hip hop y rap”.

En gran medida, “Con sangre del norte”, una de las catorce canciones que incluye Libres y locos, su notable disco debut, define el móvil que acicatea a estos cinco a inspirarse y entonarse:
“Y si una guaracha suena dentro de un camión,
la cumbia te pega en el mero corazón,
y si te prende el alma cuando suena el corazón,
la cumbia colombiana revuelta con rap,
tocando un bugui-bugui en mi guitarra de Paracho, Michoacán.
¡El Gran Silencio is in da flais, mi pariente!”

El Gran Silencio | Con sangre del norte

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