Él Mató a un Policía Motorizado

Él Mató a un Policía Motorizado

Durante la década de los 90, nadie sospechó que el shoegaze, ese sub género con el que se identificaban las hordas proto emo de mirada cabizbaja, tendría un revival mundial apenas entrado el nuevo milenio.

Uno de los prodigios de la red fue la democratización de los subgéneros. Dentro de esa lógica emancipatoria surge esta banda de nombre singular en el recóndito barrio de La Plata.

Como un coctel exótico, estos chicos dejan el espíritu barriobajero para maridar las dinámicas de los Pixies, el espíritu DIY de los Ramones, la nerdés de Weezer, el espíritu noise-artsy de Sonic Youth y la vanguardia de The Velvet Underground para anidar su propia idiosincrasia.

Con el impulso de la baja fidelidad, el equipo análogo fue redescubierto por varias bandas de todo el mundo. En esa confabulación que implicaba desterrar el imperio de los transistores surge el disco debut homónimo de Él Mató en 2004. A partir de ahí, la banda se avocó a la realización de una trilogía conceptual, una sucesión de EP’s dedicados a escudriñar el imaginario sartreano en canciones que hablan sobre el nacimiento, la vida y la muerte.

Con dicha estrategia, los platenses fueron precursores de empoderar al EP como un formato amigable con la generación shuffle, poco ávida para entregarse a discos de larga duración. Sin pasar por el filtro de YouTube ni de la incursión al competido mundo del video clip, la banda comenzó a llamar la atención por su modus operandi calculadamente misterioso, premeditadamente carente de promoción, enfocado en hacer tocadas por todos lados con el manifiesto del space rock criollo ondeando alto en sus tocadas.

Al poco tiempo, la banda comenzó a ser programada en Reactor en la ciudad de México, donde su entonces programador se empeñó en convertirlos en un grupo de culto para los iniciados en el underground chilango del ruidismo. Sin duda alguna, la confabulación fue bien recibida entre esa minoría que reconoce a la banda como los portadores de un estandarte sonoro de avanzada, encabezado del otro lado del charco por bandas como Los Planetas.

Aunque sus primeras entregas preconizan el gusto del ruido por el ruido mismo, la tautología se ha ido desvaneciendo poco a poco en los 10 años de la banda, que sin duda ha tomado conciencia de equilibrar la dicotomía forma/contenido. “Nuevos discos, nuevas drogas” repite Santiago Motorizado en un loop verbal muy significativo en La dinastía scorpio, un muy esperado álbum lanzado en 2012 por Limbo Starr.

En ocasiones, la discografía de una banda es instante y en ello radica su virtud, pues no siempre cantidad es sinónimo de calidad. Como representantes de una nueva camada de músicos que buscan revitalizar lo que significa el rock en castellano, El Mató entregó una obra más redonda y definida, con canciones –en toda la extensión de la palabra– que sacrifican la búsqueda meramente pirotécnica por composiciones claras y concisas. Sin embargo, en ello no sacrificaron los elementos lisérgicos que tan bien les va, en su lugar, encontraron un equilibrio entre guitarras estridentes, coros ensoñadores y la reiteración de un punk espacial, que poco a poco ha sembrado su ADN dentro del indie rock latinoamericano actual.

En el verano de 2015, Él Mató se presentó en México ante un Zócalo que no conocía del todo el repertorio de la banda. Sobra decir que la banda salió bien librada ante un público que supo reconocerse dentro de la nueva juventud sónica. Como portadores de la cosmogonía del shoegaze latinoamericano, la presentación de Él Mató dentro del festival Supersónico 2015 en Los Angeles, fue una oportunidad para dejarse fundir entre acordes fisurados en el limbo de ruido blanco del fuzz y la reverberancia.

En una entrevista, la banda comenta acerca su nombre:

Santiago: Elegimos un nombre que no sea típico, para salir del molde. Es un chiste, para reírnos de esos típicos nombres de artistas o bandas. Estábamos en una fiesta, medio borrachos...

Manuel: Estábamos medio al pedo y teníamos algunos otros como "¿Querías un milagro John? Te presento al FBI", que es una frase de Duro de matar (Die Hard), una de mis películas de cabecera. Ese día estábamos mirando una película medio trucha y salió un subtítulo que decía -él mató a un policía motorizado- y dijimos "véngale!"...


Integrantes:


Santiago Motorizado (bajo y voz)
Niño Elefante (guitarra)
Pantro Puto (guitarra)
Doctora Muerte (batería)
Chatrán Chatrán (teclados)


Concepto sonoro:


Rock psicodélico, Indie rock, Noise rock, Post-punk revival, Space rock, Punk rock

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